Tuesday, February 24, 2009

Una situación indeseable

¿Cuál es el sentido? ¿Por qué tenemos que despertarnos? ¿Qué es tan importante que nos hace levantarnos? No es idea nuestra, no es de nadie. Es una rutina. Alguien una vez se despertó y creyó necesario seguir haciéndolo cada día. ¿Pero por qué? ¿Qué es lo que custodiamos que es tan importante como para que nos necesite? ¿Qué es lo que se espera que hagamos cada día? Todos son iguales, me levanto, desayuno, entreno, almuerzo, entreno, ceno y me voy a dormir. No veo nada de importante en eso como para levantarse y seguir con la rutina. 

¿Contra qué nos estamos preparamos? ¿Por qué es necesario hacer todo esto? El mundo finalmente está en paz, tras siglos de guerras internas. ¿Cómo se deja atrás una vida así? ¿Acaso desde que tocamos las estrellas todo eso quedó atrás? Nuestras diferencias fueron aplastadas por un objetivo común, de explorar, o eso parece. Pero no creo que esté bien olvidar nuestro pasado. Al fin y al cabo es el que nos convirtió en lo que hoy somos. Si ya no hay guerras, si no hay nadie allá afuera, en el frío espacio, ¿por qué nos levantamos? ¿Contra quién nos están preparando? Hay más en todo esto de lo que aparenta haber. Uno no perdona una ofensa como la guerra, que destruye la naturaleza, familias y personas. Uno no se olvida de ello y se alía con su peor enemigo. No me fío de que lo hayan olvidado. Yo no lo olvido... No lo olvido.

-¡Sylix! ¡Arriba! Tenemos que irnos.
Estaba acostado, tratando de dormir cuando mi compañero parecía haberse acercarcado a mi cama para tocar un botón. Una ráfaga de electricidad recorrió mi cuerpo y me hizo pasar de estar acostado a estar sentado y con los ojos bien abiertos.
-Todavía no me acostumbro a ese despertador. -dije, mirando cómo se terminaba de poner el traje reglamentario.
-Dale tiempo -respondió Félix, mirándose en el espejo mientras su uniforme se ajustaba solo-, tarde o temprano lo vas a hacer. De todas formas, no es hora de hablar. -se dio vuelta, caminó hacia su cama y se sentó- Deberías prepararte.
-Estoy... ordenando algunos pensamientos... -dije, para luego levantarme y buscar mi uniforme- Apenas llevo un mes... Extraño el sonido del despertador.
-Te acostumbrarás. Hoy presiento que va a ser un día diferente.
-Eso es lo que escucho todos los días.

Yo ya estaba listo. Félix se paró y ambos abandonamos la habitación. Mi compañero continuó:
-¿Si no tomás cada día como único en qué lo diferencia del resto?
-En nada.
-Ese es mi punto.
-¿Y por qué querrías que cada día fuera único? ¿No tenés miedo de que se cumpla?

Nos subimos al transportador. Nos encontramos con Ryan y Ulises y nos ubicamos en el asiento delante de ellos.
-¡Félix, Sylix! -saludó Ulises- Todavía estoy atónito porque sus nombres terminen igual.
-¿No es Ulises el nombre de un personaje de ficción? -preguntó Félix.
-En realidad, antes de la comunicación virtual existía algo llamado libro...
-Si nos vas a hacer dormir con tus lecciones de historia, no me hubieses despertado. -bromeó Ryan.
Los cuatro rieron y continuaron intercambiando palabras hasta que el transportador llegó a destino. 

El centro aéreo estaba igual que siempre: lleno de gente. Desde que pisamos otros planetas y visitamos otras estrellas, muchos soñadores eligieron enlistarse en la fuerza espacial exploradora. Todos los días, nos entrenaban en el uso avanzado de la nave que elegimos y el básico de las otras naves. Yo, al igual que Félix, elegí el cazador ligero, el más rápido en combate espacial y el más maniobrable en combate atmosférico. Ryan y Ulises, por otro lado, preferían especializarse en las naves de batalla. Enormes como nada que haya visto, pero incapaces de borrar del mapa a las naves pequeñas debido al tiempo de carga y lentitud de sus armas. Por otro lado, son indispensables al momento de una expedición ya que pueden llevar el equivalente de una ciudad. Naves de batalla sólo teníamos tres, de las cuales sólo me acuerdo el nombre de la de nuestros amigos, la Eclipse.

Bajamos del transporte, nos despedimos de Ryan y Ulises y nos dirigimos hacia nuestro hangar asignado. Todos ya estaban ahí. El capitán, un hombre carismático que siempre llevaba los lentes de sol puestos estaba esperándonos. Los levantó con la mano izquierda para observarnos con sus propios ojos: mala señal.
-Félix, Sylix... Llegan tarde.
-¿No faltan cinco minutos...? -dije y luego me di cuenta de a quién le hablaba- ¡Señor!
Él bajó la mano izquierda y continuó mirándonos por los oscuros lentes de sol: buena señal.
-Tranquilos. Sólo estaba tratando de asustarlos. Siéntense y empecemos esta charla.

Tomamos asiento. Para mi sorpresa, había dos caras nuevas. Sin perder el tiempo, el capitán presentó a los reclutas y pasó a explicar el entrenamiento:
-Félix, Sylix. Hoy quiero que hagan algo diferente. A partir de este día, dejarán atrás los simuladores y empezarán a volar una nave de verdad.
De no ser porque fuera el capitán el que nos dió las noticias, habría saltado de mi silla por la felicidad.
-¿No tienen nada para decir? Yo habría saltado de mi silla por la felicidad.
Qué ironía. Félix y yo agradecimos el ascenso. La fuerza espacial exploradora no es el campamento militar al que tanto temía. El capitán, al menos, se encargaba de ello. Era mas bien como una familia.

A continuación, detalló la misión que debían cumplir los dos nuevos, junto con los que aún seguían con el simulador. Respondió algunas preguntas y luego pidió que se retiraran. Era la primera vez que me quedaba a escuchar la lección entera. Cuando se fueron, su postura cambió de la de un militar a una persona normal, apoyándose en la pared en vez de quedarse parado.
-Muy bien. Hoy vamos a patrullar una sección desértica. Los primeros seis que lleguen van a estar en el equipo A y los otros seis en el equipo B. Las naves, para nuestros dos nuevos integrantes, están equipadas con armamento nulo, y todas están especialmente enlazadas para este ejercicio. Vamos a simular una situación de combate, no a experimentar una de verdad. Cada integrante del equipo que quede en pie puede elegir retarme a un duelo y si me gana, quedará graduado de la academia.
El capitán sacó un cigarrilo y lo prendió. Luego, se puso de pie y concluyó:
-¿Alguna pregunta?

Estaba piloteando mi primera nave de verdad cuando Félix me contactó.
-¡Sylix, estamos volando una nave de verdad!
-Sí, creo que por más que creí que pasaría toda mi vida en el simulador, en el fondo sabía que algún día lo íbamos a hacer.
-¡Mirá esto!

La nave de Félix empezó a hacer piruetas al azar, girando sobre sí mismo, levantando altura y cayendo con un giro. El capitán se comunicó por canal público:
-Félix, entiendo que estés emocionado. Deberías controlarte un poco y dejar las piruetas para el combate.
A pesar de ser el oficial al mando, el capitán no parecía estar regañándolo como uno podría haber pensado. Más bien, hablaba como si fuera el padre.
-Sí, señor. Lo lamento. -Dijo Félix y volvió a la formación.

Siendo el primer día, no tenía pensado llegar dentro de los primeros seis, así que no lo intenté. Félix, por otro lado, dio lo mejor de sí, aunque no bastó.
-Muy bien, equipo A tomen posición en el campamento que está a unos kilómetros de este punto. Equipo B, esperen la orden para iniciar el combate. Cuando estén lo suficientemente dañados y la computadora determine que están muertos, la nave caerá al suelo. No teman, resistirá la caída. No esperamos menos de ustedes.

Palabras de aliento no le faltaban... Su trato con nosotros siempre era bastante informal, lo que lo hacía una persona muy respetada y de vez en cuando sacaba algunas sonrisas. Félix estaba al final de la formación, a mi derecha, y yo en el otro extremo. El capitán se elevó en el aire hasta desaparecer de nuestra vista, cosa de no interferir en el combate. Cada integrante del equipo B se presentó y elegimos a un líder. Él estableció la formación y las tácticas de combate. Una vez que terminó de hablar, nos quedamos esperando la orden... Pero la orden no llegaba.
Félix contactó conmigo:
-¿Qué estará pasando?
-A lo mejor quiere dar algo de suspenso.

Luego de algunos minutos, el líder de la formación se contactó por canal público.
-¿Capitán? ¿Está bien, señor?
Pasaron algunos segundos más, y el líder del equipo A se contactó también, sin respuesta.
-Esto ya me está preocupando -dije-. No creo que esté bien que se tome tanto tiempo, no me parece propio del capitán... Es como si...
El sonido de una explosion obtuvo toda mi atención, y la de los demás. Luego de algunos segundos de silencio, hubo sonido de disparos y un objeto que cayó del cielo. No era la nave del capitán y no se parecía a ninguna otra cosa que haya visto antes. El líder del equipo B abandonó la formación y se dirigió al objeto misterioso, con nosotros atrás de él.

Las preguntas e inquietudes de todos sonaban por el canal público y no pararon cuando la nave impactó con el desértico suelo, levantando la arena y casi cubriéndolo del todo. Para nuestra sorpresa, el capitán descendió con su caza a pocos metros de distancia. Todos hicimos lo mismo.
-Se cancela el combate. Todos los pilotos, vuelvan al punto de encuentro. -ordenó y luego bajó de su nave.

La puerta del objeto misterioso se abrió, añadiéndose a nuestra lista de sorpresas del día, pero no a la de nuestro oficial al mando. Una criatura extraña salió de ella. Por sus torpes movimientos, parecía estar muy lastimada. Se tiró en la arena y permaneció así mientras la rodeábamos. No sabría cómo describirla, era... era... 

-No creo que "eso" sea de nuestro planeta.
La criatura rió.
-¡Esa cosa rie! -exclamó la voz del líder del equipo B.
-Su mundo está perdido.
-¡Y habla! -dijo Félix.
-Soy el mensajero de su perdición. Su raza nos ha ofendido por última vez. Ahora, reclamaremos el respeto que merecemos de las cenizas de su mundo.

Se hizo un corto silencio, y el líder del equipo B habló nuevamente:
-¿Ofendido? No entiendo nada, pero quizás te convendría saber que no es bueno amenazarnos.
El piloto río nuevamente.
-Somos inmortales. Somos miles. Las luces del cielo se apagarán ante nuestra llegada. El fuego de nuestras armas brillará más que las estrellas. La tierra se aplastará con cada golpe. Los vientos soplarán los gritos de sus muertos. Cuando los Ashda Os Dum declaran un enemigo, su destrucción es inevitable. Abandonen toda esperanza de sobrevivir y tomen la fría mano de la m...

Hubo dos disparos. Los soldados se apartaron y el capitán avanzó hacia el cuerpo, sosteniendo una pistola. Tenía puestos los lentes de sol, marca de su personalidad pero no estaba fumando nada. Los levantó unos segundos con la mano izquierda para ver al enemigo con sus propios ojos -mala señal- y luego disparó nuevamente. Enfudó el arma y a continuación tomó un objeto pequeño del piloto y lo lanzó lo más lejos que pudo. Bajó la cabeza, mirando el cuerpo de su enemigo... Transcurrieron algunos segundos antes de que levantara la cabeza y un rayo de luz pasara iluminando de un extremo al otro de sus lentes, para luego decir:
-La conversación me estaba aburriendo.

Algunos quedaron asombrados por la forma en que había cambiado la situación. Otros por las palabras del oficial al mando. Alguien se atrevió a comentar:
-Señor, podríamos haberlo tomado como prisionero.
El capitán lo miró un momento y luego respondió, seriamente:
-Vuelvan al cuartel y no hablen de esto con nadie, ¿esta claro?
-Sí, ¡señor! -exclamamos todos los presentes.

Sacó un cigarrillo de su bolsilló y lo prendió, mientras el resto de nosotros nos dirigíamos a nuestras respectivas naves.
-¿Contra qué nos estamos enfrentando? -preguntó Félix.
-No tengo idea. Pero yo tenía razón en una cosa... Todo este tiempo nos estuvieron ocultando la verdad.
Miré atrás y el capitán ya no estaba, al igual que el cuerpo. Detuve mi marcha y me puse a buscarlos con la mirada.
-¿Adónde se fue el...?

Hubo una explosión y la onda de choque recorrió algo así como 200m, empujándome a mi y al resto, y tirándonos al suelo.
-¿Eso fue una granada? -dije, mientras me levantaba.
-Seguramente es lo que tiró el capitán.
Esa fue una explosión mucho más poderosa que cualquiera que haya visto antes. ¿Quienes serán estos monstruos?
-Al menos ahora, cada día a partir de hoy será único. -comenté a modo de broma a Félix.
-Sí... Y probablemente el último.