Tuesday, December 23, 2008

Como es una costumbre que vengo teniendo hace algunos años -pero que el año pasado no tuve la osadía de realizar, vaya uno a saber por qué-, vengo a desearles una feliz navidad y un próspero año nuevo... A mi manera, je.

Para algunos, la navidad quizás sólo sea un día más del mes de diciembre, en el que la gente no trabaja y se queda en su casa viendo películas del tema, o sale con amigos o familiares por ahí. Para otros, quizás sea un día en el que suelen aparecer regalos cerca del árbol, un día para repartir alegría al final del año -sombrío para algunos-. Tal vez sólo indica un pre-año nuevo, que en una semana terminaremos de escribir un ocho al final de la fecha y empezaremos a escribir un nueve, que ambos días comparten la misma tradición de pintar el cielo.

Más allá de la magia que representaba de niños esperar este día, rogando que Papá Noel apareciese y te entregara el regalo en persona. La magia de ir a ver el cielo lleno de colores, volver y hallar el árbol con regalos. Está también la magia de pintar el firmamento, de decorarlo con sonidos y luces que se extinguen y que requieren una renovación. El arte de lanzar una pincelada de amarillo, para luego verla estallando en un verde visible en varios lugares de la ciudad que se expande y se borra.

Creo que todos tenemos un pequeño niño adentro nuestro, que algunos dejan salir más que otros. Desesperado por vivir, por jugar, por sentir. Tal vez no fuera el hecho de los regalos el que nos fascinaba, sino la magia de verlos aparecer ahí. Una vez que la magia se desvanece por la realidad, lo que nos queda es el recuerdo atado a los regalos.

Yo por mi parte, empecé a pensar que estos regalos son sólo una decoración de la gente que los compra, los empaqueta y los entrega sin esperar nada a cambio. Empecé a creer que el verdadero regalo de la navidad era estar con estas personas, que estuvieron conmigo mucho tiempo, algunas desde que nací. La gente que me conoce, que aguanta mis defectos y me impulsa a salir adelante. ¿Y por qué lo hacen? ¿Para librarse de mi? ¿Para no tener que aguantarme? No. Es porque somos una familia, que se quiere incondicionalmente, aunque no lo diga nadie, porque hay veces en que sobran las palabran. Y esto no es algo que se pueda ver con los ojos que solemos usar. "No se ve sino con el corazón. Lo escencial es invisible a los ojos", decía el zorro del Principito.

Para mi, el verdadero regalo de la navidad es estar con esta gente, que sé que me quiere y que sé que saben que yo los quiero, y en base a ello, dejar nuestra marca de alegría dando una pincelada amarilla en el cielo, soltando esa luz de nuestro interior en una explosión verde.

Como párrafo final sólo quería agregar que "feliz navidad" y" feliz año nuevo" me parecen frases bastante gastadas, y la verdad prefiero decirlo de esta otra manera. Me hace sentir que no estoy repitiendo una frase que parece ser más de cortesía y tradición que de realmente desear, y seguramente a varios les va a gustar más así... A mi me gusta, jeje.


PD: Obviamente, si me los cruzo por msn o en la calle, van a ser las únicas frases que me van a salir :P.

Wednesday, December 17, 2008

Aventuras en el cielo

"Parados en el medio del cielo, observando al warp que llevaba a la base enemiga, esperamos. Los pilotos se estaban impacientando. Si había un momento en que hacía falta una música con tambores que marcasen el inicio inevitable de una batalla, era ése. Hacíamos algunas bromas, en castellano, claro está, tratando de ahogar el miedo -¿o será la emoción?- a lo que aparecería, en unos momentos, en ese portal.

Mis compañeros trataron de reconfortarme, contándome sus hazañas de guerra, cuánto les gustaba, incluso para dejar el entrenamiento y concentrarse en ella, en participar, por el honor y como guerreros de nuestra nación, respirando sólo para vivir otro día en ese cielo que a veces se tornaba en infierno.

Yo era un joven piloto, un novato. Jamás había estado en una batalla. Sólo conservaba lo aprendido en la academia y en las misiones que nos mandaba el gobierno para limpiar nuestra tierra de los Shrine, plagas de monstruos, robots y naves que querían eliminarnos del mapa, desplazarnos de nuestro justo territorio. Pero había otra amenaza, la facción ANI, Anti Nationalism Influence, que rivalizaba con nosotros, los BCU -Bygeniou City United-. La guerra consumió la tierra desde hacía mucho tiempo, y ya era hora de ponerle fin. Ni siquiera la luna estaba segura, con hordas de Shrines y los mejores pilotos de ANI a los que hacerles frente.

-Preparados! -exclamó el lider, hablando en inglés.

Todos los pensamientos se volvieron y enfocaron en un solo punto. La luna brillaba en el cielo, mirándonos a nosotros. Guerreros, pilotos de Bygeniou, defendiendo la entrada a nuestro territorio. Mientras algunas naves giraban alrededor del portal, otras nos quedábamos en formacion, en espera, con los dedos en los gatillos y misiles. Algunos dispararon sin quererlo. ¿Presas del miedo o de la emoción? La Guild Irrompible formaba parte de ese grupo de treinta/cuarenta naves que íbamos a defender el portal de Bark City hacia territorio enemigo. La ciudad estaba destruida, con los puestos de defensa funcionando mal y atacando a ambas facciones por igual. En ese lugar, territorio neutral temporalmente nuestro, defendíamos nuestra posición, y así, evitábamos las incursiones de Arlington a nuestra tierra. Para cuando llegaron, estábamos listos.

El portal emitió varias señales en forma de explosiones de energía inofensivas, mientras la fuerza de ataque de Arlington avanzó feroz y con superioridad numérica a través del warp. ¡Demasiados para contenerlos! Rompimos la formación y cada uno fue por su lado, sin comunicación por radio, mientras los disparos, misiles y alertas sonaban por doquier. El cielo brillaba en múltiples colores, mientras esquivaba los disparos de los cazas enemigos, avanzando al tope de lo que daba el motor. El infierno había llegado, una batalla más en esta guerra que parecía que nunca acabaría."


Space Cowboys Online

Aprovechando para estrenar el cambio de look del blog, ya era hora de que comentara mis aventuras y las de la guild [i], de la cual formé parte orgullosamente durante los pocos meses que duró nuestra cruzada en el famoso Space Cowboys Online, el cual, si no se los mencioné, seguramente no conozcan. ¿Por qué famoso entonces? Ehh... Se los dejo para que lo piensen.

Corrían rumores en el foro, un simulador de naves de combate había salido a la luz. Gratuito, sin lag, bastante amigable a la vista y con servidor en yanquilandia. El idioma oficial: inglés. El segundo juego online en el que formé parte de la guild. El anterior fue el Ogame, del cual conservo muchas aventuras y relatos que escribí para representar en bits -o en papel para los que lo hayan impreso- las gloriosas batallas y honoríficas historias de la Alianza Irrompible.

Pero Ogame es otro tema. Volvamos a lo que nos compete, el SCO, ahora conocido como AirRivals por un cambio de dueño o algo así. Creo que todo comenzó en el 2004 o 2005. El juego consta de elegir un máximo de tres personajes de los cuatro posibles, cada uno con sus habilidades. M-gear, el médico. B-gear, el bombardero. A-gear, el tanque antiaéreo. I-gear, el ágil. Como siempre, me elegí al más rápido de todos, el I-gear, con el que entré al juego por primera vez.

Cada nave se destacaba en su oficio, así, el M-gear tenía ciertas habilidades de soporte, como curar, llenar el tanque de combustible, mejorar el daño de los demás, etc.
Como no me gusta socializar mucho, y prefiero hacer las cosas en solitario, no era mi tipo. El A-gear es una nave transformable a tanque que se encarga de bajar al resto de los gears. Así, puede ir tanto por tierra como por aire, pero a velocidad lenta, lo que lo descartó al instante. El B-gear fue una posible opción, capaz de manejarse solo, con habilidades para bombardear -atacar los blancos por debajo de la nave-, pero no era tan rápido ni ágil como el I-gear, capaz de alcanzar los 500 de velocidad -no sé en qué se mide-, logrando que la mayoría de los misiles se queden atrás...

Así es, la agilidad fue lo que me hizo decidirme. Al contrario de la mayoría de los
juegos online que jugué, en el SCO la habilidad podía hacer la diferencia. Hacer piruetas en picada, pasar por abajo de alguna estructura y luego girar y elevarse para hacer que los misiles enemigos se estrellasen no tiene precio. De la misma forma, iniciar un dogfighting y encontrar la manera de romperlo en el momento justo para ganar, ya sea usando una skill, parando la nave en el medio del aire o simplemente alejarse de la nave enemiga para volver y poder "lockear" el arma principal. Recuerdo que solía poner algunos temas de Robotech según la ocación para hacer las cosas más emocionantes, jeje.

Pero lo que más me encantaba de ese juego era la Nation War. Las batallas en Bark City -una ciudad neutral y destruida que separaba ambas naciones-, las incursiones al terreno enemigo, la defensa de nuestro territorio. Con cada nave que bajábamos, conseguíamos un punto de fama, que se reflejaba en nuestro rango. Además, sumando los pilotos derribados de toda la nación, se contaban los puntos de ésta -que volvían a cero al comienzo de cada mes-.

Cuando estos puntos llegaban a 300.000 y creo que 500.000 y 700.000, la Mothership enemiga aparecía bien en lo profundo de su territorio por una hora, y los líderes de naciones debían comandar sus tropas, tomando cada mapa desde Bark City, atravezando bases, desiertos, selvas, cuevas y mucho más, hasta estar bien adentro del terreno enemigo, cerca de su ciudad, donde sus naves los estarían esperando para despertar una batalla épica. Videito muy bueno para los que no lo conocen...


Ahora bien, con la guild avanzamos desde simples novatos hasta lo que podría considerarse pilotos. Obviamente no marcábamos una batalla, éramos a lo sumo diez, pero no siempre estábamos todos en el lugar de la acción. El juego entretenía y nos divertíamos, hasta que un día apareció el enemigo de los juegos online: el lag. Las batallas dejaron de ser emocionantes cuando de la nada, los misiles que habíamos visto que esquivamos, nos hacían daño, y no era por una cuestión del juego. A veces, hacíamos un torneo entre nosotros, con lo que pasamos de lucha aérea a lucha en el lag.

Así, todos abandonaron y quedé solo, manteniendo aún en alto la bandera del clan, esperando a que alguien volviese... en vano.

Tardé algunos meses más en que el lag me afectase tanto como para no poder participar en la Nation War, lo que más me gustaba de ese juego, además de acelerar a toda marcha y esquivar los misiles guiados de las naves y lanzamisiles controlados por la máquina en un mapa lleno de ellos... Por eso un día me aburrió, o me hartó, ya no me acuerdo. El Space Cowboys Online supo entretenerme pero como siempre pasa, los problemas arruinan la diversión.

Sunday, December 7, 2008

Ejercicio del taller

Esto es algo que escribi sin pausa, hace dos o tres años, uno de los jueves en que iba al taller, como un ejercicio del cual todavía guardo la pregunta, aún sin respuesta: ¿Cómo surgió esto?


¿Debería saltar? ¿Por qué no? Pero si la vida me evita, y la muerte me sonríe, tengo que ir con ella, con la portadora de la máscara. ¿Por qué no terminar con el dolor, con el miedo, con la culpa? Si hay otra vida, ¿por qué no terminar con esta y volver a empezar de cero? Tal vez debería saltar. Recuerdo una propaganda del cine que decía "Star Wars". Star wars, o no estar. wars... ¿Qué es wars para estar así? ¿Será el fondo del risco? Y si así fuera, ¿estar en el fondo o no? Si al fin y al cabo, ahí abajo hay una nueva vida. Otra vida, un game over y más para gastar. ¿Adónde me llevará el tiempo? ¿Me erosionará el viento con el correr de los años? ¿Me comerán los buitres? Si al cabo morir es dejar de sentir, ¿en qué se diferencia de cómo me siento ahora?

Recuerdo aquel día, en que dos mas dos no daba cuatro, porque no sabía qué era un cuatro, un dos o un mas. Lo que tenía de ingenuidad, lo tenía de inocencia. Aquel día era nueva vida. ¿Cómo habré llegado hasta acá? ¿Fue mi auto el que me trajo, esa nube, ese sol, ese viento? ¿Qué será lo que acabe conmigo? ¿El cansancio? ¿La paciencia? ¿El deseo de volver a empezar? Si al cabo la rama que me sostiene no durará para siempre, ¿conviene tirarse o esperar que algo más tome la decisión y me tire?

Aún para el fin hay que prepararse, ignorar los ecos que piden que mi mano suelte ese pedazo de algún posible árbol. ¿Tengo que ignorar también los gritos que me alientan a seguir viviendo? Trato de soportar... Pienso en el pasado, en cómo la inocencia se fue perdiendo con el correr de los años, en cómo la realidad llenó ese espacio con un vacío oscuro y tenebroso. Para cuando la rama se rompió, estar wars o no ya había dejado de tener importancia.

Friday, November 28, 2008

La lucha contra el insomnio

Viernes 28 de noviembre, una menos veinte de la madrugada.

Querido diario:
Ya tuve que cambiar la birome para poder seguir escribiendo estas líneas. Otra vez, ya van dos. Me acabo de dar cuenta que no son buenas escribiendo de costado -paralelas al suelo, digamos- ¿Qué estoy haciendo? Bueno, iba a acostarme en esta noche cálida -infernal, seamos sinceros- cuando una de esas sensaciones místicas vino a mi y se me ocurrió tomar mi cuaderno mágico -sí, me encantan los adjetivos fantásticos-, aquel que tiene un par de dibujos de dragones, alas y un intento de lobo que quise hacer para el avatar de msn y que al final opté por una imagen de internet -el de sub-zero ya había perdido su toque mágico para mi-.

Un lápiz, qué loco. ¿Cómo no se me ocurrió antes? No usan tinta, ergo, pueden escribir en cualquier posición. ¿Por qué el "ergo"? Tengo la manía de usarlo cada tanto -significa "por lo tanto", para los que no lo sabían-. Sin embargo, desde que vi que Sheldon lo usó en una de sus líneas -sí, el Sheldon de The Big Bang Theory, una serie que Ariel trajo el último sábado de clases para ver y que apenas me libre de las otras series empezaré a seguir- . Dicen que me parezco a él -¡y no es cierto!-, así que de ahora en más tengo cuidado de usarlo.

¿Increíble, no? Hacía tanto que no escribía de esta forma, casi como si las palabras no dejasen de salir. Automáticamente, diría. Y mientas escribo, pienso en qué voy a decir luego, como en el ajedrez... El ajedrez, un juego que supo entretenerme un buen tiempo hasta que descubrí que no tengo mucha paciencia -cosa que el Ro ayudó a mejorar un poco-. No juego hace años. Sólo recuerdo que hay 32 piezas en total, y que hay que atacar al rey enemigo y dejarlo sin salida, además del movimiento de todas las piezas.

Pero el smash... Ese sí que es un juego. Mi personaje principal fue Pikachu, y todos lo odiaban porque siempre volvía. Resumencito: personajes de los juegos de Nintendo que pelean entre sí usando sus habilidades o items que van apareciendo en el campo de batalla. El objetivo es lanzar al oponente afuera del escenario. Mi segundo personaje fue Falcon, con el que disfrutaba realizar combos espectaculares -sobre todo en la parte de atrás del mapa de StarFox, caída inevitable de varios de mis enemigos-. Con la salida de un emulador de Gamecube con fps aceptables, Fox se convirtió en mi personaje favorito y permanece así hasta el momento.

Ya me duele la mano, la muñeca, el brazo. Hoy tuve una linda caminata por las cálidas calles de la capital -infernales, recuerden, infernales-. La idea era comprarle el regalo de cumpleaños a mi mamá -que cumple hoy viernes-: un libro. No sabía qué libro exactamente, así que el miércoles traté de preguntarle a una conocida mía que suponía que tendría alguna idea, que no respondió al saludo ni nada, con lo que supuse que estaría ocupada -siempre inventándome las excusas de los demás, jeje-.

Llegó la mañana del jueves y en mi trabajo me puse a investigar. En Irrompibles, uno de los integrantes del foro había publicado un libro, "Sueños y Delirios de Agonía". No es quizás el mejor título para un libro que iba a regalar en un cumpleaños, pero las críticas eran buenas y quizás hasta llegó a interesarme a mi un poco -las series, tengo que concentrarme en las series-. Tuve que pasar a comprarlo a la editorial pero antes de eso hice una parada y me compré un programador de pic, con la idea de modificar el juego de la viborita que había hecho para el colegio y escribir en el LCD un "feliz cumple!", algo que me pareció original pero que no pude llegar a concretar -por problemas técnicos aburridos y que no tengo ganas de contar ahora-.

Pero volvamos a lo de antes, esas palabras raras que me gustan. Mi favorita: momentai -pronunciada por la persona (o Digimon, mejor dicho) de la que la oí como Mou-men-tai-. Sí, dije Digimon, porque fue Terriermon de Digimon 3 o Digimon Tamers el que la decía varias veces durante toda la serie, lejos para mi, la mejor de las tres primeras temporadas que vi.

Me duele el brazo, ¿o debería decir "me arde"? Es más bien una sensación de calambre -de una advertencia de calambre, mejor dicho-. Ojalá tuviese telekinesis, que es para mi lejos el mejor poder que conozco, que Sylar, Peter y hasta Rodney McKay tienen -mi personaje favorito de Stargate Atlantis, que justo en un episodio que vi hace unas horas pudo usarla por un rato-. No sé por qué razón, pero me encantan todos estos poderes psíquicos y místicos. Eso de tener el conocimiento y control del propio cuerpo, control y percepción de las emociones, el uso de gestos, palabras y sensaciones que alguna vez asocié a estados específicos, como el frío, el calor, el miedo, la felicidad, el peligro, la calma, la ira, etc.

Y ya se me hizo tarde y largo. Si siguen leyendo estas líneas, no los quiero aburrir más. Siendo la una y veinte de la mañana doy por terminado este futuro post -que cuando lo lean será un post del presente y cuando lo recuerden en sus sueños (¿o en sus pesadillas?) será un post del pasado-. La lámpara que nunca se prende, se prendió y tenía mi cuaderno afuera. Lo tomé como una señal y, sí... Es como dicen, bastante terapéutico, jeje. Ya me siento mejor, con sueño, incluso sonriente, ja.

Me pregunto cuándo será mi próxima sesión..


PD: Pude programar el PIC y esta funcionando con el mensaje en pantalla :)

Tuesday, November 18, 2008

El poder oculto de Anthony

La mañana llegó con un cielo algo nublado y un sol anaranjado que sobresalía tímidamente del horizonte. Ambos yacían en el suelo, dormidos. Una pequeña silueta curoseaba las pertenencias de los viajeros. Olisqueaba la leña que Manrok había encantado y usado como fogata. El animalito se detuvo en seco cuando vio la cara del mago y se quedó mirándolo detenidamente. Luego de un momento, la curiosidad le ganó y se acercó más. Se detuvo a decenas de centímetros. Lo olisqueó y observo sin dar un paso más. Retrocedió sobre sus tímidas huellas en la tierra y descubrió a su compañero.

Al igual que con el mago, se detuvo un momento, observándolo de lejos. Unos minutos más tarde, perdió todo el miedo que tenía y se le acercó. Era como si hubiese encontrado a su dueño. Anthony se volteó y el animalito retrocedió un poco. Seguía dormido. Se aproximó hasta estar prácticamente al lado, lo observó con curiosidad, lo olisqueó y se subió a él. Siguió explorándolo varios minutos más, hasta que saltó dos veces, la segunda más alto. Se bajó de él y empezó a correr a su alrededor, saltando varias veces su altura. Parecía estar muy contento. Cuando el mago se despertó, el animalito ya no estaba a la vista.


El sol ya había salido. Manrok se levantó y preparó las cosas para el viaje. Los caballos estaban atados a una estaca que él había encantado la noche anterior. Juntó la leña mágica y la guardó en la mochila que llevaba su corcel. Se volteó al este, a mirar al horizonte. Observó a Anthonyy sintió algo distinto en él. Era como si su espíritu hubiese aumentado su fuerza, su conexión con el resto de las cosas... Como si la magia naciera en él y se acumulara.

-¡Picto! ¡Despierto!
Tras pronunciar el nombre mágico del caballero y darle una orden, éste abrió los ojos.

-¿Es necesario que me llames así todas las mañanas?
-¿Qué otra forma me sugerirías?
-¿No podrías simplemente sacudirme y pedirme que me levante?
-Soy un mago, Anthony. Tenemos otras costumbres.

Anthony se levantó y se estiró mientras murmuraba para sí:
-Magos... Sienten todas las cosas pero carecen de tacto.
-¿Qué tal la noche?
-Bien, podría decirse. Pero, es extraño... Me siento increíble... Como nunca antes. Siento que si saltara podría llegar a tocar el cielo. Siento que el viento sigue mi mano y entiende mis gestos. Me siento...
-Distinto de ayer -terminó el mago-. Lamentablemente no tenemos mucho tiempo para hablar ahora. Hay que revisar la diligencia lo más rápido posible y partir para la capital.

Revisaron el lugar del accidente, buscando por todos lados alguna otra pista. No hablaron en todo el proceso sobre el nuevo Anthony, sino que se limitaron a discutir acerca del caso.
-Según el diario del encargado -empezó Manrok, revisando la parte delantera de la diligencia, mientras su compañero se encargaba de la trasera-, la persona que llevaban era el único sobreviviente de un incidente en una granja. Cosas raras estuvieron pasando en Trider: un jinete aparecía cada semana en un lugar nuevo y esparcía fuego y muerte por doquier. Siembra su ración de destrucción y no deja ninguna persona con vida.
-Salvo nuestro prisionero -dijo Anthony, agachándose para observar el suelo de la jaula-.
-Exacto -dijo Manrok, golpeando la diligencia en busca de huecos-. Ahora bien, es normal que quieran interrogarlo para saber qué ocurrió; no lo es el hecho de que permitan que Dotdro se encargue del tema. Los magos de Trider bien podrían haber llevado a cabo el interrogatorio, y con mejores resultados. -baja de la diligencia- La pregunta que surge es...
-¿Por qué lo llevarían a otro país?

Y se quedaron ahí, como congelados en el tiempo, mirándose y esperando que el otro anuncie la respuesta. Anthony habló primero:
-¿El diario no dice por qué?
-Aún no terminé de leerlo. Empecé por el final y estoy retrocediendo.
-¿Leés al reves? ¿Otra costumbre de los magos?
-No, simplemente tenía curiosidad por saber lo último.
-¿Donde está esa sabiduría mítica de los hechiceros? Todo esto que decís me suena más bien a un juego ¡¿estás jugando conmigo?!. -exclamó el pelirrojo, mientras se empezaba a sentir una brisa fuerte-.
-Tranquilo, Anthony. Sé lo que hago, sólo hay que tener paciencia.
-¡Paciencia! -exclamó el caballero y el viento comenzó a soplar más fuerte -¡Tenemos una persona capturada por los Senfarii (que te recuerdo que no toman prisioneros), el único superviviente de una masacre! -Las nubes se empezaron a agrupar, tapando el sol de la mañana. Las gotas empezaron a caer del cielo y algunos truenos empezaron a resonar. -¡Alguien que fue capturado para ser interrogado en otro país por una razón que desconocemos! ¡Tenemos que llegar a Indara y conseguir ese pergamino, pero lo único que encontramos en el camino son más y más problemas!
-¡Picto! ¡Calmado! No se resolvió ningún misterio por gritar y desahogarse al mundo con palabras.
-¡Aldaris! ¡Callado! -exclamó el caballero, sin que surtieran efecto las palabras del mago, sino que al contrario, éste fue silenciado -No es agradable que alguien te ordene por tu nombre mágico, ¿verdad? -dijo lentamente mientras se largaba a llover con una fuerza fuera de lo común y los rayos surcaban el cielo- Tengo una sensación completamente nueva, como si la tierra y yo fuesemos uno, como si lo que sintiera, ella lo reflejara. -Alzó su mano al cielo mientras continuaba su discurso:- Siento como si la tormenta y yo fuésemos...

La escena se volvió blanca en un instante. Al desvanecerse el destello, el cuerpo del caballero estaba en el suelo, completamente inmóvil, rígido como una roca. Manrok se liberó del silencio y se tomó el lujo de asombrarse un momento por lo ocurrido. Mientras los rayos dejaban de dibujarse en el cielo, él levitó a Anthony usando la magia, juntó las cosas lo más rápido que pudo, ayudó al caballero a subirse al corcel y luego se subió él. Finalmente, ató los caballos entre sí para que no se separaran.

Así, cabalgaron lo más rápido que pudieron al norte, a la capital, mientras aún la imagen latía en su mente: el rayo que caía del cielo y tocaba la mano de su amigo, la electricidad que él parecía manipular a voluntad, el destello blanco y el cuerpo yaciendo en el suelo. Las dudas surcaban su mente: ¿cómo había adivinado su nombre mágico? ¿Por qué no se calmó cuando se lo ordenó? ¿Tenía Anthony una magia más poderosa que la de él y por eso logró silenciarlo?

Escuchando el ruido del galope del corcel, bajo un cielo nublado que no parecía mejorar, con las gotas de lluvia mojándole la cara, pensativo y mudo del asombro, murmuró para sí:-Distinto de ayer, Anthony. Distinto de ayer...

Wednesday, November 12, 2008

Una historia medieval, parte 1

Abrió sus ojos. ¿Rejas? Algo estaba en movimiento. Caballos. El cielo azul, despejado. La luz del sol, que cierra sus ojos por reflejo. Sus manos atadas atras de su espalda y una vaga pregunta que apenas llega a formular.

-¿Dónde estoy?
-Ya era hora que despertaras. Vamos camino a la capital del Imperio, Dotdro.
-Dotdro...

Las imágenes ocurrieron como flashes. Una ráfaga blanca, una figura a contraluz que estaba siendo absorbida. Un grito atroz, luego nada. Una única palabra resuena, fuerte como el viento de las montañas, clara como el agua de los arroyos:

-¡Monstruo!
-¿Por qué a Dotdro? -dijo, tratando de levantarse y observando con mayor atención la escena.

Estaban yendo por un camino liso, bastante despejado. Podría decirse que están en pleno campo abierto.

-Siendo uno de los testigos de la masacre, te presentarás ante un tribunal y declararás tu versión de la historia
-¿Tribunal? ¿Masacre? ¿Qué está pasando?
-Lo último que recuerdo es estar en la granja de mi familia -dijo, haciendo un esfuerzo por traer las imágenes a su mente -. Estábamos preparando la cosecha cuando...

La figura de un jinete negro se le cruzó por la cabeza, fuera de foco. Con un grito grave que sacude la tierra, toma carrera y avanza veloz. Algo atrás lo golpea... Trata de recordar, pero no ve nada más

-Ese jinete apareció.
-Un jinete, sí. Cosas raras están pasando en Trider. Uno ya no puede cabalgar tranquilo. Muchos ataques, muchas granjas destruidas, cosechas incendiadas. El país está sufriendo mucho.
-¿Qué sabés del jinete?
-Cabalga solo, ataca solo. No deja testigos ni rastros para seguirlo.
-¿Cómo entro yo en todo esto?
-Fuiste el único que el jinete dejó vivir.
-¿El único? -murmuró para sí, manteniéndose en silencio unos segundos

La tierra empezó a ensombrecerse. Parecía que se estaba nublando. El sonido de las patas de los caballos golpeando el suelo se le hacía cada vez más sordo... Más lejano, más irreal. Se sacó un collar que tenía escondido, aquel que le había regalado su hermano, y lo sostuvo con la mano en forma de puño. Hacía mucho tiempo que no lo veía, y parecía que no lo volvería a hacer. Deseó tener esa oportunidad, de verlo una vez más.

Pasaron varios minutos, el collar en la mano, los caballos moviendo la diligencia, el sonido cortante de los latigazos. Se le caían los párpados, escuchaba menos, la sensibilidad desaparecía, el cuerpo se le estaba durmiendo. Se acostó como pudo y miró al cielo. El sol estaba negro, como en uno de esos eclipses que según la creencia popular no traen buenas noticias.

Miro lo más atentamente que podía. Mientras, la figura negra en forma de sol se fue agrandando cada vez más... Ya no podía distinguir entre realidad y fantasía. Los ojos se le cerraron. Hubo un grito, la diligencia empezo a ir más rápido, los latigazos se hacían más frecuentes y graves. Una voz inentendible gritaba cosas. Tomó fuerzas y abrió los ojos. El sol negro estaba sobre ellos. Se dividió en dos, dejando un hueco en el medio donde vio una enorme nube que parecía cubrir el cielo. Antes de dormirse, divisó en una parte de ella la cara de su hermano.



El sol ya se ponía en el horizonte. El pasto de verde amarillento estaba cambiando a un verde más oscuro. Dos jinetes aparecieron en una colina y bajaron. Un caballo negro llevaba a un hombre pelirrojo vestido de cuero. Una persona madura de pelo castaño tirando a blanco montaba al caballo blanco, vistiendo lo que parecía ser una túnica roja. Continuaron el avance, a paso rápido, tratando de ganarle a la noche. No se cruzaban palabras entre ellos. El hombre de cuero no apartaba la mirada de su objetivo. El jinete de la túnica roja permanecía con los ojos cerrados, confiado como si él fuese el caballo y viera lo que él ve. Llegaron a campo abierto y los caballos se detuvieron.

A algunos cientos de metros, pero visible a la distancia, una diligencia -que parecía haber llevado prisioneros por la jaula que tenía- yacía volcada. Al parecer, los presidiarios habían hallado la forma de escaparse y usar los caballos para huir lo más pronto posible.

-Vayamos con cuidado -dijo el de la túnica, abriendo los ojos-. Puede ser una trampa.

Avanzaron a paso lento, lo más alerta posible, esperando una emboscada o algo. Pero no pasó nada. Bajaron de los caballos y se acercaron al hombre que yacía en el suelo. El de la túnica lo tocó, cerró los ojos y murmuró algunas palabras. Poco despues, el encargado de la diligencia parpadeó varias veces hasta recuperar el conocimento, pero gritando de dolor.

-Estate calmo. No hay problema, no somos bandidos. Venimos a ayudarte -dijo el de cuero.
-¿Quien hizo esto? ¿Dónde están los prisioneros? -preguntó el de la túnica.
-Creo que lo primordial sería que se mejore antes de interrogarlo, Manrok -le comentó el jinete del caballo negro a su compañero.
-No le queda mucho tiempo de vida. No hay forma de que pueda salvarlo. Lo mejor que podemos hacer es averiguar cuanto podamos antes de que sea muy tarde.
-¿Tu magia no lo puede curar?
-¿Te parece que no lo intenté? Tiene una herida de magia negra, mortal. Lo único que pude hacer es despertarlo. Tenemos que saber qué ocurrió, quién lo hizo y por qué.

El encargado tosió varias veces y logró proferir una palabra que les puso la cara pálida a los dos:

-Senfarii.
-¿Senfarii? -dijo el de cuero.
-Algo anda mal... -dijo Manrok- Los Senfarii no salen de día, no soportan la luz del sol, si son los mismos que conozco, las sombras voladoras que se crían en Crollem. ¿Por que vendrían a este lugar?
-Se... llevaron... al... pri... sionero...
-¿Por qué harían eso? -murmuró para sí el pelirrojo.
-Mi... diario... -dijo y con tanto dolor que profirió un grito, levantó la mano y señaló una mochila.
-Anthony.

El pelirrojo se acercó a la mochila y buscó algún libro. Lo tomó y se lo entregó al herido.

-No... Usenlo... -murmuró con la fuerza que le quedaba e hizo una pausa: Dejenme... Descansar...

Los jinetes se miraron entre sí. El herido cerró los ojos y dejó de hablar. Anthony empezó a vagar por el lugar, buscando alguna señal o pista de algo. Mientras, Manrok levantó las manos y las movió por el aire, con los ojos cerrados y murmurando palabras sin sentido para su compañero. El corazón del moribundo dejó de latir, y el mago lo supo. Una pequeña briza se hizo sentir. Lo tomaron como una señal de que finalmente había partido.

Esperaron algunos minutos, en los que oraron por el alma que acababa de abandonar su cuerpo. Luego de las oraciones, Manrok reanudó su juego de manos y palabras en el aire y Anthony, con los ojos abiertos y mirando a aquel que había aceptado su destino, recitó el lema de los caballeros de la orden a la que pertenecía, mientras el cuerpo levitaba y comenzaba a arder en llamas:

-Muere con honor, y vivirás con orgullo.

Acamparon ahí. La fogata emitía un calor hogareño que los hacía sentir como en casa. Esa noche comieron un animal que cazaron hacía unos días. Manrok estaba entretenido en la lectura del diario y Anthony pensaba sobre su encuentro con aquel hombre. Cuando el mago terminó de leer inició la discusión:

-Debemos informar a Trider de este accidente. Tengo el presentimiento de que este ataque no es mera coincidencia. Los Senfarii no toman prisioneros.
-Hablando de coincidencias: encontré este colgante en la jaula, mientras buscaba pistas. -dijo Anthony y se lo entregó.
-Qué extraño... Me resulta conocido.
-¿Enserio?
-Tiene la escencia de un amigo mio en Trider. Creo que él puede ayudarnos a averiguar más. Este es un misterio que, espero, podamos resolver. ¿No había nada más?
-Nada que me pareciera importante.
-Por la mañana revisaremos bien. Tendremos que acelerar el paso, pero con suerte llegaremos a la capital por la tarde. Nimbsho, Fhntop y Senkar estarán esperando y, si tenemos tiempo, hasta podrás tener un curso rápido y desarrollar un poco tus habilidades mágicas.
-Toda ayuda es bienvenida.

Siguieron hablando de lo que harían allí, mientras Anthony notaba en el cielo una luna llena y un cielo plagado de estrellas mucho más brillantes que las que jamás había visto, en la ventana de su casa, en la capital del imperio. Allí, en un país al que llamaban Trider, la Tierra de la magia.

Thursday, October 23, 2008

Apostándolo todo

Estaba vagando en los rincones de mi mente y vino a mí este fragmento de "El Club", que paso a dejarles y espero que lo disfruten. Quiero avisar, eso sí, que no es lo más delirante que puedo llegar a imaginar, jeje:

[...]Por otro lado, Esteban, Mirtha, el Doctor y su amigo, Óscar Norberto Uriarte, (algunos le decían ONU, aunque en este día nadie lo llamaría así), estaban discutiendo un tema muy interesante:
-¡Que no! –decía Mirtha -¡Si conectás una papa al tomacorrientes, no va a estallar!
-¿Y si conectás una pila? –preguntó el Doctor.
-Bueno, ahí sí, ¡pero son cosas totalmente diferentes!
-¿Nunca hiciste el experimento de la papa con la luz? –inquirió Óscar.
-Me lo hicieron hacer en la secundaria, pero una papa no es como una pila. No tienen los mismos componentes. Una pila explota si se la conecta al tomacorrientes, una papa... Bueno, supongo que la papa conduce la electricidad y vas a sentir un cosquilleo, pero no creo que estalle...
-¿No te gustan las papas? ¿Y si en vez de una de esas ponemos un pastel de crema? Te gustaría comprobar tu teoría, eh... Lo veo en tu boca. –Dijo el Doctor.
-De hecho, agarré uno de los bocadillos. Creo que está pasado de fecha, así que si vos conseguís los cables, lo probamos. Cincuenta centavos a que conduce.
-¡Divido tu apuesta en dos y la doblo! –Exclamó Óscar.
-Eso da veinticinco centavos mas cien, lo que es $1,25... Acepto.
-Da cincuenta centavos, ¡pero no era eso lo que quise decir..!
-¿Qué pasa? ¿¿Tenés miedo??
-La cuadriplico, ¡que sean $5,00!
-Yo la elevo al cuadrado, ¿aceptás $25?
-Muy tentador, prefiero $100...
-¿Y no te gustan $700?
-No tenés ese dinero
-¿Querés apostar?
-Cincuenta centavos a que no los tenés.
-No te ves tan seguro, divido tu apuesta en dos y la doblo, dando $1,25.
-¡Que sean $5,00!
-¿No te gustan $25?
-Pero son mejores $100.
-Apuesto que $700 no tenés.
-Acepto, que sean cincuenta centavos.
-Prefiero $1,25.
-Y a mi me gustan más $5,00.
-Pero lo mejor de todo llega a los $25.
-Veinticinco es cinco al cuadrado, pero si los multiplicamos por dos al cuadrado dan ¡$100!
-Si multiplicamos a cien por siete, dan $700... ¿Sabías que el siete es un número raro y muy especial? Apuesto que no.
-¿Ah no..? Bueno, a eso no te puedo decir que no.
-¡Ja!
-Pero apuesto a que no creías que iba a decir eso...
-Que sean cincuenta centavos.
-Me gustan $1,25.
-Yo prefiero $5,00.
-Pero sin duda $25 son mejores.
-Pasaron a la moda cuando llegaron los $100.
-Y $700 les ganan de sobra.
-Pero te apuesto cincuenta centavos a que...
-¡Basta! –gritó Esteban -¡Gente, si quieren apostar vayan a un casino![...]

Sunday, September 28, 2008

Aventuras de Rune Midgard

Ya lo dije antes y es algo que tenía muchas ganas de relatar. Todo empezó un poco antes del verano de 2006 -octubre, noviembre de 2006-, según creo. Ariel me invitó a hacerme un personaje en cierto juego de rol online. Èl llevaba bastante tiempo en ese servidor, Atlantis-Ro. Tenía un Assassin nivel 70 creo. Mi primer personaje fue un mago al que bauticé como Manrok, haciendo honor a mi viejo mago de Argentum Online.

El Ragnarok Online es un MMORPG (Massive Multiplayer Online Role-Playing Game), un juego de Rol online que transcurre en las tierras de Rune Midgard y alrededores. Algunos quizás les suene el Dungeons & Dragons -o Calabozos y Dragones-. En este tipo de juegos uno encarna un personaje al cual sigue por todo su entrenamiento y vive sus aventuras como propias. El RO (Ragnarok Online) consta de una clase inicial de personaje -o job- llamada Novice. Uno debe entrenar y cazar enemigos para subir su experiencia -y por lo tanto su nivel- con el objeto de hacerse más fuerte.

La primera especialidad a elegir es una de estas: Mage, Archer, Acolyte, Swordman, Thief y Merchant. Estos jobs se dividen luego en otros dos: Wizzard y Sage, Hunter y Bard/Dancer -según si es hombre o mujer-, Priest y Monk, Knight y Crusader, Assassin y Rogue, Blacksmith y Alchemist. El juego tiene dos tipos de niveles, Base y Job. El nivel Base permite la mejora de los atributos del personaje, mientras que el de Job permite el aprendizaje de skills y sirve como requisito para pasar al siguiente Job.

El tema es que llegué a Wizzard y nos íbamos de aventura con Parka y nuestro compañero de armas Emiliando Pando (al cual llamaré Wizzie de ahora en más, jeje). Llegué a nivel 83 creo cuando el servidor decidió cerrar y nos tuvimos que mudar. En Angelus-Ro me hice un Sage porque podía usar hechizos y golpear físicamente a la vez. Igual que con el Wizzard, lo llevé a 83 y me cansó.

Dicen que la tercera es la vencida. En este caso, definitivamente lo fue. Fhntop nació y se entrenó en las artes del arco y flecha, pasando de Archer hasta llegar a Hunter. Lo que más me agrada de ese tipo de personaje es que uno es completamente libre: puedo ir al lugar que quiera, puedo ir solo o acompañado, no necesito plata -la moneda del juego se llama zeny- ni pociones. Con sólo tener a mano 500 flechas o más del elemento al que los enemigos eran débiles alcanzaba. Para colmo, al ser Hunter podía tener un halcón -al que me gusta llamar Pidgeotto- que cada tanto podía salir y atacar al enemigo; las únicas contras que le veo -que en realidad no son "contras"-son que no hace falta alimentarlo, que está siempre volando sobre tu cabeza y nunca descansa y que no podía interactuar con él -como sí se puede si uno tiene una mascota, que hace trucos, habla y todo-.

En cierto momento, Atlantis-Ro volvió a la vida. Fue entonces cuando Fhntop y Pidgeotto se mudaron a nuestro viejo mundo. Así, vivimos muchas aventuras. Yendo por lugares donde un mago no podría ir.

Cazando enemigos para obtener los items necesarios y hacer economía -para poder comprarle cosas a la gente-. En un principio, no usaba equipo de ningún tipo, ni pociones ni los llamados buffs -hechizos de soporte que mejoran tus habilidades temporalmente-. Más tarde me di cuenta de la efectividad que ganaba con usarlos.

Comenzaron las clases, comencé a trabajar. Mi problema no era el cansancio, pocos días me cansé de hacer ambas cosas. Dejé de tener tiempo libre para los juegos, al igual que mucha gente con la que iba de aventuras en el Ro -en mi caso la solucion fue simple y lo instalé en la pc de mi trabajo-. Mi Hunter nivel 87 se quedó solo en Rune Midgard. Más allá de poder hacer lo que quisiese estando solo, me aburría. Necesitaba hablar con alguien, hacer algo diferente cada día, viajar a lugares donde no podría estar solo por mi nivel. Fhntop colgó el arco, Pidgeotto dejó de volar: el Ro había quedado como un arcón de recuerdos en el disco rígido.

Una noche, mientras estaba en el colegio, escuché una conversacion entre Douglas, Nico, Franco y Ale. Al parecer Douglas había encontrado un juego de rol online y se había hecho un ¿Crusader? Parecía que iban a empezar -si no lo habían hecho ya- a jugar al Ro en un servidor llamado Atlantis-Ro. ¿Demasiada casualidad? Tal vez, pero ya no estaba sólo. Mi Hunter volvería a tensar el arco y su Halcón se erguiría orgulloso en su cabeza una vez más.

Douglas -Macrocode- tuvo la idea de hacer una Guild -un clan donde varios personajes pueden entrar y hallarían una cofradía o, mejor dicho, una hermandad-. Le puso de nombre New Order y obviamente todos entramos. Surgió la idea de buscar equipo.
En el Ragnarok uno tiene varias cosas. Un slot para un casco, para la cara y para la parte inferior de la cabeza, dos slots para el arma -como hunter, por usar las dos manos, el arco ocupaba ambos- un slot para la armadura superior, otro para la inferior, dos para los accesorios y uno para las botas. Equipar cosas permite mejorar ciertos aspectos del personaje. A cada item equipado, además, se le podía agregar cartas. Las cartas afectan de forma diferente cada una y van en un tipo de item de un slot específico del equipo.

Mi Hunter empezó a hacerse más efectivo una vez que consiguió botas, armadura y equipo para la cabeza. Usé pociones para incrementar la velocidad de ataque, así como cada vez que iba con Parka por el mundo él me buffeaba. Como guild, nos hablábamos por nuestro canal especial, nos reuníamos a veces en una aventura como bajar a varios bichos que tiraban cierto item, o simplemente para entrenar.

En el Ro cuando uno llega a nivel 99, se puede renacer y empezar desde el nivel 1 con un incremento del 30% a la vida y al "maná". Algo que olvidé mencionar, el juego como todo RPG no es solamente hacer clic y esperar. Cada personaje tiene lo que se conoce como Skills, algunas destrabadas por otras Skills. Un guerrero renacido al pasar al 2do trabajo Novice-Archer-Hunter, recibe un nombre diferente -Sniper- y tiene skills nuevas y mucho más poderosas, además de mejoras en sus atributos, como Agilidad o Inteligencia.

















Douglas renació antes que todos, luego Franco. El tercero fui yo. Pasar de enfrentar bichos de tres metros de altura que si te tocan te pueden matar de un golpe a pelear contra gelatinas rosadas saltarinas fue un gran cambio. Incluso costaba mucho más pasar de un job al otro porque se incrementaba la experiencia necesaria para subir de nivel.

Una vez que llegué a Sniper obtuve a mi amigo volador nuevamente. Él era diferente, siendo violeta en vez de marrón, lo que logró el apodo de Pidgeot -sólo por ser un halcón de un personaje renacido-. Conseguí primero las skills nuevas propias del Sniper antes de seguir con las de Hunter. Continué con mi búsqueda de equipo y logré obtener todo lo que siempre quise. Mi Sniper nivel 91 hacía estragos. Con Parka juntábamos decenas de bichos y los bajaba a todos con una skill.

Bastante antes de llegar a 91, Fhntop, Brigadier Z -Franco- y Parka caminábamos alegres por los alrededores una ciudad muy reciente llamada Rachel. En ese momento, vimos que un hombre lobo enorme con un hacha gigante y tres hienas negras nos perseguía. El horror: el bicho más grande tenia un millón de vida, mientras que sus tres acompañantes tenían algo así como 22.000 -22k en la jerga del MMORPG-.

Quizás pocos saben que me encantan los retos y definitivamente eliminar a un bicho como ese entraba en la categoría. Elaboramos un plan. Siendo yo un atacante a distancia podía detener al gigante mientras Briga se encargaba de sus amigos. Parka curándonos cuando era necesario. Noté algo importante, faltaba música de fondo. En una de esas nos replegamos, sabiendo que al Atroce -ese bicho grande- le quedaban 500k de vida o menos. Entré a Deezer y puse Stratovarius y Dragonforce en una playlist.

Una vez que nos curamos de hp -vida- y sp -maná-, Parka nos buffeó y volvimos al ataque, soltando una ráfaga de Double Strafe -skill de Hunter que hacía 380% de daño- aumentando su potencia por una skill de Sniper llamada Falcon Eyes -20% mas de daño por 30 segs, lo que daba un total de 456% de daño, que luego se multiplicaba por dos al atacar al monstruo con el elemento al que era débil-. Briga se encargaba de mantener quieta a la única hiena que quedaba. El tema de bajar a las tres hienas era que el Atroce iba a llamar a tres más. Por eso, Franco aguantó los golpes del bichito mientras Parka lo curaba y yo me encargaba del gigante. Fueron tres intensos minutos en los que el Atroce varias veces nos mató con una skill de área, pero llegó el momento esperado y Pidgeot dio el golpe de gracia. El hombre lobo se arrodilló ante mi y luego cayó en el suelo. Se escuchó una música de victoria y sobre Fhntop se dibujo una palabra: MVP.

Los MVP son los llamados Bosses del Ro. Bichos más fuertes que la mayoría, que dan mucha más experiencia. La primera baja de uno detonó mis ansias de más y más retos como ese. Con algo más de práctica, logré enfrentarlo con Parka y, finalmente, solo. Así fue que todo tomó un segundo lugar y yo empecé a disfrutar con la gente de la guild de la caza de los MVPs. A los únicos que pude bajar son: Atroce, Garm, Moonlight Flower, Golden Thief Bug, Lady Tanee, Drake, Eddga, Mistress, Orc Hero, Tao Gunka -los estoy buscando por internet, no es que me los acuerde a todos, jeje-.

Drácula fue al que más ganas le tenía. Varias veces nos juntamos toda la guild para cazarlo -Nico, Ale, Emiliano, Franco, Douglas, Parka, Wizzie y una o dos personas que no son del colegio, quizás ni de Argentina-. El tema con Drácula es que hace una skill de área que nos mata a todos de un golpe, estemos como estemos de vida. La caída de Douglas, el mejor de nuestra guild provocaba siempre un descenso abrupto en la moral de algunos -que abandonaban-, no tanto de mi -no soy de rendirme tan fácil-, por lo que la cacería siempre se daba por finalizada sin poder reclamar premio alguno.

Douglas dejó de jugar, por lo que la guild se separó y Franco creó una nueva bajo el estandarte de "Omega Elite". Sin embargo, él y yo teníamos distintos conceptos de diversión. Mientras que yo prefería el enfrentamiento con los MVPs, él quería participar en la WoE -War of Emperium, donde la guild ataca y conquista de castillos de otras guilds-. En cierto momento, decidió eliminar el clan y unirse a uno que sí iba a WoE. El resto nos agrupamos y formamos la tercera guild -después de horas y horas de delirios al pensar el nombre-. The Shinning Force había nacido.

Para ese entonces, ya estaba en 91. Faltaba poco para que todos dejaran Atlantis por aburrimiento. Para mi no es tan divertido ir solo por ahí, ya sea entrenando, haciendo quests, buscando items o bajando MVPs. Con Parka nos íbamos al pueblito de Niffelheim a mobear -juntar muchos bichos-, con la única contra de que en Atlantis hay 1.800 personas conectadas todo el tiempo y muchas de esas personas pensaban igual que nosotros dos. Demasiada gente = pocas víctimas = aburrimiento. Llegó la segunda vez en que Fhntop colgó el arco y Pidgeot se había retirado por tiempo indeterminado como cuando Harry le pedía a Hedwig enviar un mensaje.

Vacaciones de invierno de 2008. Luego de probar el Lineage y haberme aburrido, nos pusimos de acuerdo en volver al Ro, a un server distinto, con menos gente, cosa de poder hacer presión en la WoE. Tales of Midgard fue al que caímos luego de mucha prueba y error.
Hice mi Novice y me tomé una semana para hacer lo que antes me habría tomado meses: renací a Sniper. La otra semana busqué el equipo que más o menos tenía en Atlantis, con algunos cambios. Me faltaba sólo una cosa cuando nos fuimos de viaje a Bariloche. Cuando volví, lo que menos pensaba era en jugar al Ro, hasta que lo encontré por ahí y de vez en cuando me metía. Emiliano era el único que entraba, a veces también Parka.

Un par de semanas después, Parka borró el Ro y se negó a instalarlo otra vez. Yo me cansé de la soledad y la rutina del entrenamiento y aunque aún sigue en mi pc y en esta -la del trabajo-, ya no lo abro.

Creo que lo que me enseñó este juego es a tener paciencia para poder conseguir algo, mucha paciencia; a pensar antes de hablar o hacer algo, aunque a veces se me pase por alto, jaja. Seguramente hay muchas cosas más, que ahora no me acuerdo. El Ro -junto con ese otro juego llamado Space Cowboys al que luego le dedicaré un post- me recuerda un montón de experiencias de camaradería, adrenalina, liderazgo y amistad que sé que no voy a dejar que se borren. No me gusta olvidar: para mi perder un recuerdo, ya sea bueno o malo, es algo imperdonable.

Definitivamente el Ro, que está impregnado de buenas memorias, no se me va a ir tan fácil.

Tuesday, September 16, 2008

El grupo K

Esta historia nació como inspiración del relato de Tom, explicado un par de posts antes. Érase 3er año en el colegio. Nos habían pedido escribir un cuento policial -creo-. Lo primero en lo que pensé fue en aquel textito que relataba mi mundo de la mafia, y tal vez por ello decidí hacer un cuento situado varios años antes de que empezara. Cuando lo entregué, tenía como seis hojas nro 3 escritas de ambos lados. A la profesora le gustó; hasta me preguntó si estaba haciendo algun taller o algo.
Pasé el relato a la compu, arreglando errores, agregando cosas -puliéndolo es la palabra-, y lo presenté en el taller. Forma parte de los textos que incluye mi Club de cien hojas, y es una de las cosas que escribí que más me gusta :)



La oscuridad nocturna envolvía las calles ausentes. Parecía una, ¿cómo diría? “Noche normal”, pero de esas en las que todo se sale fuera de control, y al final queda lo inverso de lo que se definiría como normal.
Las luces observaban lo que otros no veían: un auto viejo, sin matrícula, que corría, escapando de una sirena que resonaba en el silencio. Un móvil policial alumbraba su camino y corría al vehículo viejo como un zorro a una liebre en tiempo de caza. Y luego los cazadores persiguen al zorro, pero esa es otra historia. El caso es que este conejo veloz no tenía posibilidades de escapar al duro brazo de la ley. El auto con luces rojas y azules se aproximaba más al viejo vehículo que intentaba escapar. Fue entonces cuando, en un intento de escape, y utilizando una maniobra insegura e impredecible, gira para seguir escapando en sentido contrario. Pero la técnica, que parecía una señal de conducción profesional, resulta ser lo inverso de lo que se definiría como “método que otorga más soluciones que problemas”. Al final del día, porque para ese entonces eran las 23:59, el automóvil se colisiona con la pared de un restaurante lujoso, que se hallaba cerrado.
Cuando despertó, el conductor, o la liebre, se hallaba en una sala de interrogatorios típica, con el espejito que no deja ver del otro lado, pero permite ver del otro a éste.
-Quisiera ver cómo te escapás de ésta, criminal. –dijo un oficial borroso, con una vestimenta marrón y un lindo sombrero azul.
-Oh, no. ¡Al Don no le va a gustar esto! –comentó para sí el detenido.
-Parecen interesantes –señaló, haciendo que leía unos papeles. –Así que el Grupo K se ha reunido en una calle poco transitada para discutir el próximo blanco. ¡Y mirá! Los nombres de las víctimas. Son muy interesantes. Al Juez le gustaría leerlos.
El detenido no habló, así como un aire acondicionado apagado no provee de aire fresco, o como una lámpara rota no ilumina. El interrogador supo que debía contarle la situación, y lo que podría pasar, pero decidió retrasarlo un poco.
-Mi estimado detenido, creo que debería saber que el Grupo K ha cometido otro asesinato hoy. John Cart no aparece en esta lista. Supongo que usted ya se ha enterado de ello. Tiene buenos informantes. ¿Quiénes son? ¿Pertenecen al grupo?
Así como un globo no flota sin aire, el prisionero quedó en silencio.
-Creo que fue una mala idea iniciar la carrera criminal de pequeño. No deja tiempo para mucho, y de ello sólo queda una mente trastornada. Hubiera sido un buen ciudadano si no se hubiera metido con la pandilla de su barrio, y tal vez hubiera podido aportar esos conocimientos sobre artefactos.
El detenido no sabía qué decir. ¿Cómo lo supo?
-Si nos ayuda, tal vez se lo cuente.
Y bajó la cabeza, dando señales de que no iba a cooperar.
Entonces, el interrogador se retiró. Fuera de la sala, dijo a los que estaban allí que no podía hacer más. Fue en ese momento cuando un oficial vino con un teléfono. Dijo que era una persona importante. La voz de alguien conocido llegó a sus oídos.
-Alfredo, tenés que soltar a Sam. Él es inocente. Andamos tras la misma pista. El Grupo K ha cometido un asesinato que no nos benefició en nada. John Cart era un buen contacto político dentro del sistema judicial. Mi amigo, yo lo envié para que buscara a nuestro informante del barrio y nos dijera lo que sabía. Según él, Sam corrió al verlos ya que pondría en peligro los papeles, que no debieron caer en tus manos. No es un ladrón.
-Antonio, no es mi trabajo dejar pasar cualquier delito de cualquier criminal sólo por pertenecer a tu agencia.
-Sam no es un ladrón, y no te estoy pidiendo que dejes pasar el delito. Él no cometió ninguno.
-Seguro que trabajando para vos comete demasiados.
-Bien, te tengo un trato que podría darte confianza.
-Soy todo oídos.
-Si dejás a Sam libre, haré todo lo que pueda para encontrar al Grupo K.
-Eso ya lo estabas haciendo.
-Un policía debe respetar la ley y castigar al que la pasa por alto. Sam no lo hizo. El Grupo K sí. Dejalo ir, y él trabajará a tu lado.
-De acuerdo. No lo hago por usted, sino por el bien común.
-Claro, mi amigo. Decile las siguientes palabras: “El Don te pide que ejecutes la ley antisocial número tres.” –dijo, y cortó.
-¿Qué pasó? Le preguntó el oficial McGiff, quien se hallaba observando al detenido.
El detective Alfredo no le respondió. Entró directamente a la sala, y le dijo al interrogado que podía irse, y que su Don había hecho un trato con él.
-No le creo.
-Yo supongo que debería ejecutar la ley antisocial número tres.
El detenido no podía creer que su jefe haya hecho un trato con la policía. Murmuró para sí que eso rompía un código, pero también se dijo que no tenía otra salida. Estrechó la mano con el policía, diciendo su nombre:
-Sam Duergar.
-Alfredo Volvar. Mirá, voy a mandar que te lleven a tu casa, donde descansarás hasta mañana. Espero que tu jefe no rompa su palabra, y que trabajes a mi lado.
Así, saliendo de la comisaría, el ex-detenido fue escoltado hasta un auto policial, el cual lo llevó a su “hogar, dulce hogar”, donde fue echado del automóvil por su conductor, que parecía estar de muy mal humor. Volvar tenía miedo de que le tomaran el pelo, y pidió en secreto a unos policías que patrullaban el lugar que vigilaran al liberado. Si de verdad el Don quería ayudar, él vendría al día siguiente a la comisaría.

La mañana no trajo más que sol y nubes. Sam se despertó a las 9:30, horario de su despertador. El Don le había pedido personalmente por teléfono, unos minutos después de haber llegado a su casa, que ayudara a los polis. Tenía el informe en la mesa de luz, y decidió llevárselo con él. Podría ayudarle.
Dejó su hogar y tomó un taxi en dirección a la comisaría. Sam iba a ese lugar por su propia voluntad. ¡Qué extraño! Pero finalmente apareció algo que era de todos los días, un taxista contando su vida a su pasajero:
-Y finalmente llegamos a Carlos, es un buen muchacho. Juega béisbol, y le gustan mucho las matemáticas. Tiene 10 años, ¿sabía? ¡Ah! Me acuerdo que cuando tenía esa edad no me gustaban los deportes. Miraba a veces el patio, pero los deberes del colegio eran demasiados. ¡Oh! También viene a mi memoria una escena épica y original: El Ramírez volvía de una fiesta, donde fue arrojado a una piscina vestido de ropa formal… Jaja, nos reímos bastante. Hablando de reirse, ¿sabe cuándo fue que Carlos comenzó a hablar, y cuál fue su primera palabra?
-Lo imagino. –Dijo Sam, bostezando. –Seguramente al año, y su primera palabra fue “payaso”. Es muy inteligente, y demasiado interesante esta conversación para mi gusto. Hablemos de... Cultura, y sociedad. Un tema muy habitual en las charlas de caballeros. ¿Sabía usted que el colegio 5to fue fundado por la misma persona que fundó el 6to?
Lo próximo que pasó fue que el pasajero salió disparado del taxi, y que su conductor lo abandonó en el medio de la calle.
-Mirá el lado bueno, mi Sam: -dijo para sí, levantándose y limpiando su traje negro– no pagaste el transporte.
Desde esa calle, siguió caminando derecho hasta que llegó a la comisaría, justo cuando Volvar estaba por irse. Éste lo invitó a su auto, y su antiguo interrogado aceptó.
-Creí que no vendrías.
-Ah, no es nada. Un problema con los taxistas de hoy. ¿Adónde vamos?
-Se han oído disparos cerca de un estacionamiento. Los móviles ya están allí, y han encontrado a un hombre asesinado... Vamos a la escena del crimen.
Sam no respondió, pero tampoco habló durante todo el trayecto. Cuando llegaron, no se levantó de su asiento hasta que el oficial se lo pidió, como prueba de que no quería estar aquí.
Mientras caminaban hasta la escena del crimen, el detective inició una conversación.
-¿Qué decía el informe?
-Que es un servidor de la justicia. Con lo que el informante describía, el secuestrador se hacía llamar “El Justiciero”. Con algunos contactos extra, averiguamos que las víctimas son todas personas que trabajaban en los juicios: abogados, jueces, usted sabe.
Llegaron entonces a una escena de tortura total. Luego de haber cortado a la víctima con un cortaplumas, como detectó Sam, quien claramente veía en sus brazos y piernas, “El Justiciero” le disparó en el estómago y el hombro. Al final de todo, lo ató con unas esposas largas alrededor de una de las columnas que sostenía el lugar. A la izquierda de ese soporte, había un solo auto con la puerta abierta que mostraba señales de lucha en forma de sangre.
-Esta sangre no es de la víctima. -dijo Volvar. –Claramente se ve que intentaba cerrar la puerta y huir, pero el victimario no lo permitió, poniendo su mano impidió que se cerrara, pero le dejó una gran herida.
-Detective. –llamó un oficial. –Tenemos una pista.
-Yo diría varias. Por cierto, señor Duergar, este es mi amigo y compañero McGiff.
Sam le estrechó la mano, pero hubiera jurado que lo conocía.
-¿Lo conozco? –preguntó el oficial.
-Su cara me suena. ¿Fue a un juicio alguna vez?
Volvar soltó unas risas al aire.
-Él no atestiguó contra usted ni nada, si eso quiere decir.
-Pero su cara me sigue pareciendo conocida.
-Y la suya a mí.
El detective los interrumpió:
-¿La pista era?
-Ah, sí... Síganme.
Siguieron a McGiff hasta el cuerpo de la víctima y, con guantes puestos, éste sacó una tarjeta blanca con letras negras de su bolsillo. Decía “Muerto en un acto de Justicia”.
-Varios son los homicidios, y esta tarjeta se ha repetido en todos. Es obvio que el que comete todos estos crímenes es el mismo grupo de personas.
-Ya sabemos eso, McGiff... ¿Es la única pista?
-Mire alrededor... Esto es una sopa de pistas, pero ninguna nos lleva a algún lado.
Volvar dio vuelta la mirada hacia Sam.
-Tal como yo lo veo. –dijo este último –Este torturador y asesino tiene algo en contra de la Ley. En cierta forma, la ata con sus propias esposas, y se cree superior a cualquiera.
-Interesante. –comentó el detective –Muy interesante. McGiff, ¿podés hacer un reporte de la escena mientras acompaño a nuestro amigo hasta la comisaría?
-Por supuesto.
Cuando comenzaron a avanzar hacia la salida, oyeron un ruido de pasos, como si alguien se moviera por los ductos del aire. Volvar sacó su arma y, mediante señas, le pidió a su nuevo compañero que hiciera lo mismo. Sam tenía una y poseía licencia, así que la elevó para colocarla en posición de disparo con precisión...
El sonido avanzaba hacia el exterior. Subieron la rampa de acceso y perdieron al hombre. El detective pidió que revisaran esos lugares en busca de alguien. Si el asesinato se produjo hace pocos minutos, podía ser que el hombre aún estuviera en el lugar cuando el primer móvil policial llegó. Su conductor, el primer policía en pisar terreno peligroso, era McGiff. Volvar pidió los datos sobre lo que había oído.
-Oí un disparo y vine corriendo, es decir, a toda velocidad con el móvil hasta aquí. Habré tardado tres minutos, pero cuando llegué reporté el homicidio.
-¿No viste una sombra moviéndose?
-En realidad sí, pero cuando me fijé era sólo una de las columnas que se movía con la luz de mi linterna.
-Esto es muy sospechoso. Una sombra que se mueve en la oscuridad, rodeada de culpa y por policías, intenta escapar. No ve otra salida que la ya vista. Ahí viene nuestro informante.
-Detective, no hay rastros en los ductos de ventilación. Debió haber oído mal.
McGiff sacó su arma y salió corriendo hacia la entrada, gritando que vio algo. Volvar y Sam lo siguieron. Afuera, vieron a su hombre correr. Alfredo pidió que lo siguieran con una patrulla mientras el compañero del inspector y su ayudante lo perseguían.
-Ya no estoy para estas corridas. –se dijo.
La calle estaba vacía, y el objetivo iba corriendo a una velocidad sorprendente. Sam y McGiff se separaron en un callejón. Sólo había dos salidas, y esas dos comunicaban a dos callejones sin posible escape.
El trabajador poco legal del llamado Don debía capturar al desconocido criminal para los polis. El callejón elegido estaba oscuro y podía ser presa fácil de aquella a la que perseguía. Levantó su arma y, alerta, avanzó. Afinó los oídos para escuchar mejor y siguió con su marcha lenta. Miró a la izquierda, un edificio poco conocido y muy antiguo. Se acercó e intentó abrirlo. –Puerta cerrada– Uno menos... Miró a la derecha. Veía la parte trasera de una casa de video. Cerrada también. Avanzó más y, mirando la última puerta de la izquierda, comprobó que estaba con llave. También, a su derecha, no halló mejor suerte en aquellos otros lugares. Miró al cielo, pensando que su enemigo podía caer de allí, y se extrañó... ¿Debería estar con el otro policía?
McGiff ya había revisado todos los lugares, y se proponía a volver, cuando Volvar le llamó al celular. La llamada lo entretuvo, pero no dejó de estar alerta. No era nada. Sólo quería saber si estaban vivos aún.
-El Grupo K sólo se digna a matar a la gente en su lista. –se dijo.
Sam Duergar salió corriendo buscando al hombre azul, sin prestar la más mínima atención por si en verdad su presa caía del cielo y se convertía en el cazador. Estaba llegando al final. Si el policía ya estaba muerto, no sería su culpa; por lo menos habría intentado salvarlo. Algo grande cayó sobre él, como un saco de arena, y lo hizo tirarse al piso, antes de salir del callejón. Como si fuera la muerte misma, el victimario cayó prácticamente del cielo y avanzó hacia él, con su arma lista para disparar.
-No permitiremos que te entrometas en los asuntos del Grupo K.
-Pequeño Sam, no deberías haberte metido en esos asuntos. –se dijo a sí mismo.
Cuando ya el victimario estuvo a punto de disparar, McGiff apareció de la oscuridad y apretó su gatillo. Su blanco esquivó las balas como si fuera en verdad una sombra, y desapareció en las tinieblas que rodeaban el lugar. El policía ayudó al caído quitándole el saco de arena. Éste no vio a la cara de su enemigo, porque había caído boca abajo, pero reconoció su voz, aunque no sabía su nombre.
El móvil policial llegó. Preguntando por la tardanza, se excusaron porque hubo un pequeño tráfico en la salida del establecimiento por los autos policiales. Subieron y volvieron a la escena del crimen.
Volvar les pidió los hechos, y ellos se los contaron. Sam incluso comentó que reconoció la voz del hombre, y que tenía una idea de quién era el culpable. Se conocieron hace mucho, y era un ex-presidiario. Fue su amigo en la cárcel, pero debía ayudar a los polis, y eso significaba averiguar si era en verdad él. No tenía la menor idea de su nombre, pero estaba seguro de que éste ex-presidiario era el causante de todo.
El Detective y su ayudante decidieron volver al Cuartel General de los Azules (CGA) para comentar todo y ver si podrían encontrar al enemigo buscado.
No hablaron durante todo el trayecto, y cuando llegaron a destino, Sam no corrió para terminar con todo eso de una vez. Entraron a la comisaría y pidieron revisar el archivador. El detective le preguntó por la persona que tenía en mente.

-El líder del grupo es un ex-presidiario. Lo conocí hace un par de años. Había robado una joyería con su hermano menor. Un policía los vio y los detuvo. Les declararon seis años en la cárcel. Eso fue lo que oí. Pero fue dentro donde supe y viví la historia oscura que pasaría: su hermano fue interrogado por los guardas de la cárcel, hubo un guarda que creyó que le tomaba el pelo, y le dijo al director de la cárcel que planeaba hacer un motín. Lo torturaron hasta matarlo, y el que ahora comete estos delitos es este hombre que perdió a su hermano. Les hace revivir lo que él pasó.
-Sorprendente. ¿Cómo sabe todo eso?
-Estaba en una misión para la misma pandilla que usted mencionó. Lo conocí como un amigo, y supe de su trágica historia.
-¿Por qué debería ser él? Podría ser otro, a quien le hubieran hecho algo parecido.
-Simple. En prisión, luego de la muerte de su hermano y por la noche, robaba las matrículas en blanco que les hacían hacer, y escribía en letras más pequeñas “Muerto en un Acto de Justicia”.
-Impresionante. ¿Pero no sabe el nombre?
-No tengo idea. Sé que ahora, aunque parezca irónico es policía.
-¿Sabe cómo era?
-Creo que tenía ojos verdes, el pelo cortado, una nariz corta, y orejas grandes.
-El pelo cortado lo tienen todos los presidiarios.
-No todos... –dijo y se señaló a sí mismo.
Un hombre hacía señas afuera de la oficina, y Volvar las contestaba. En cierto momento le dijo a su ayudante:
-Bien, espéreme acá que debo atender unos asuntos.
Sam no sabía qué hacer, ni qué lo había llevado hasta ahí. Pero, de todas formas salió de la comisaría. No le gustaba el olor a Ley, ni fraternizar con su enemigo. El Don lo había querido así por algo, y él se limitaba a cumplir órdenes.
Cuando Volvar salió de la comisaría, su ayudante no se acercó ni alejó. Éste fue a él, diciéndole que lo estaba buscando por toda la comisaría:
-Otro asesinato. Esta vez cayó un guarda de la cárcel, quizás el mismo que usted cree que torturó al hermano del victimario. Tenemos a nuestro hombre, pero nos falta el nombre. Vamos a la escena del crimen a ver qué podemos sacar de esto.
Y partieron a la escena del crimen, en una heladería, más precisamente en el congelador gigante que esa heladería poseía.

En el lado exterior parecería común si los autos policiales no estuvieran allí. Caminaron hasta el gran congelador, guiados por el encargado. Abrieron la puerta del enorme bicho congelante. Así, la escena del crimen se mostró ante ellos.
-Todo está tal y como yo lo hallé. –dijo el guía –Dejé al hombre congelándose debido a que los helados se derretirían si apagaba el congelador.
-¡Excelente! –exclamó Volvar -Ahora, por favor, puede sacar su mano de esa puerta.
-¡Oh! Disculpe. –dijo el encargado, quitando la mano rápidamente.
-Si fuera tan amable, ¿podría dejarme aquí con mi ayudante?
-Por supuesto. Estoy adelante, si me necesita.
El hombre tenía algo raro. Cuando se iba, murmuraba cosas como “esto no está nada bien” y metía palabras como “polis” y “dinero” en la misma oración. Dijo, todo en voz baja, que odiaba a un dictador en Arabia, que prefería las obras de teatro a las películas, y que los demócratas tenían la culpa de todo. Finalmente, se alejó.
Fue entonces cuando pudieron ver el interior del lugar. Volvar pasó polvo policial (de esos que obtienen las huellas digitales) sobre la puerta de la heladera, para luego poner un papel especial y guardar la huella en una bolsa de pistas. Miró a Sam y dijo que podría servirles.
Un hombre estaba tirado en el suelo, congelado y desangrado en sus muñecas y piernas, con una herida de bala en el hombro derecho y otra en el estómago. La misma tarjeta de siempre tenía escritas las mismas palabras “Muerto en un acto de Justicia”.
Examinaron de cerca la escena del crimen y encontraron, para su sorpresa, el documento de la víctima. En todas las otras escenas de un crimen no se hallaron documentos que facilitaran la búsqueda de los asesinados. Siempre el Grupo K hacía las cosas discretamente, o bien dejaban un mar de pistas que los desorientaban de una manera tal que nunca sabían bien cómo se había cometido el crimen. En el estacionamiento nadie supo explicar por qué sólo había pistas que conducían en un camino, y no en varios. Quizás fuera porque el Grupo estaba terminando su sucio trabajo, o porque se cansaron de hacer las cosas bien. Sea lo que sea, a Volvar no le gustó para nada.
-No parece que el Grupo K haya cometido este delito.
El guarda no estaba atado con esposas a nada, ni siquiera a una caja. Los asesinos se las habían arreglado en todos los lugares (posibles e imposibles) para cumplir con su señal de dejar atada a la ley con sus propias esposas.
Sam revisó el documento:
-Jack Than, de Inglaterra, nacido en 1975. Conozco a este hombre...
-¿Es el que mató al hijo del líder del grupo?
-¿Hijo?
-Hijo no, hermano. Vos me entendés.
-Cada segundo me cuesta más.
-Bien, aprendé a entenderme. Así vas a tener menos problemas.
-Dejemos esto. Interroguemos al encargado.
-Bien, vamos. Pero, ¿es en verdad el que mató al hermano de este grupo?
-Creo que sí. A ver... –pensó Sam –Jack Than... Jack Than... Guardia... No, no recuerdo claramente, pero es él. Estoy seguro.
Cerraron la puerta del congelador, y Volvar tomó un teléfono celular. Lo utilizó unos minutos, hasta llegar al punto de sonreír. Luego, marcó un número.
-¿Marlon? Dile a tu madre que llegaré tarde al almuerzo, y que es posible que no vaya.
Una voz le respondió, y Volvar continuó la conversación hasta que el encargado se acercó para ver si necesitaban algo. Entonces, colgó:
-Llamaré luego... –y dirigiéndose al hombre: -Caballero, ¿cuál era su nombre?
-Earl Poss.
-¿De dónde vino usted?
-De Francia.
-¿Y su edad?
-Veintiséis.
-Eso significa que nació cerca de 1976, ¿verdad?
-El siete de febrero, más precisamente... ¿Tiene alguna razón este interrogatorio, señor?
-Claro que sí. No hay que descartar nada.
-¿Pero de qué le sirve saber de dónde vengo, mi edad o la fecha de mi nacimiento?
-Me ayuda a conocerlo. Ahora, por favor, ¿podría describir las condiciones en las que encontró a este pobre hombre?
-Por supuesto. Estaba atendiendo a unos clientes cuando decidí revisar la nueva mercancía.
-¿Mercancía? -preguntó Sam.
-Sí, unos litros de helado artesanal recién hechos, que había llegado hace poco. Fue entonces...
-¿De qué sabor? –quiso saber Volvar.
-Varios, vainilla, frutilla, ananá, manzana... Ehmm... Creo que también había limón...
-Me gusta el limón. ¿Tiene un poco de ese helado? –interrogó el detective.
-Ahora no. Se descongeló cuando entré a ver al hombre, a ver su estado cardíaco, y esas cosas. Pero no había nada que hacer.
-¿Es médico? –inquirió Sam.
-No, pero cualquiera puede saber si alguien está vivo o muerto tomándole el pulso.
-Continúe, por favor.
-Bien... Fue entonces, decía, cuando me acerqué a este... Lugar. Y escuchaba voces... Cosas como “tú lo mataste” o “recuerda ese nombre en el infierno”. Y luego un grito aterrador. Y... Y la gente se asustaba y corría de mi negocio. Y entonces entré para ver qué había pasado, y vi a este señor tirado en el suelo, desangrado... Intentando sobrevivir... Pero cuando fui al teléfono a llamar a emergencias oí un disparo de pistola. Entré para ver qué había pasado y hallé al pobre hombre que, en su dolor, se había suicidado.
-Ahá. Espéreme un momento fuera del negocio. –dijo Volvar al encargado y, cuando se fue, a Sam: -Revisá cuántas salidas tiene este lugar. Yo tengo que ordenar algunos datos.
Sam hizo lo que le pidió. Investigó cada corredor de esa pequeña heladería y no halló más salidas que la que había en el frente del negocio. Volvió con el detective y le informó de lo sucedido.
-Si hay una sola entrada, -respondió el policía -y por tanto, una sola salida, es claro que el asesino entro y salió por el mismo lugar, o sigue adentro. Investigué unos informes de testigos, que decían que oyeron un disparo... –hizo una pausa –Tenemos un sospechoso, pero debemos oír la historia de él. Acompáñame a la salida, donde nuestro encargado nos espera.
Allí fueron. El encargado los esperaba afuera. Volvar tomó unas esposas, y le dijo que no opusiera resistencia. Luego de decirle sus derechos, lo llevó a un auto policial, diciéndole al conductor que lo llevara a la comisaría. Tras esto, se metió en su propio auto, junto con Sam y fueron hasta allí.
Una vez en la sala de interrogatorios, el encargado se hallaba sentado en una silla, atado, nervioso, rezando a un Dios de una religión que nadie conocía. El detective y su ayudante temporal lo miraban desde el vidrio que no dejaba ver.
-Nunca creí que podría ver a alguien de este lado.
-Pero ahora lo ve. Si me permite... –dijo Volvar, y entró a la sala –Señor Poss, ¿verdad? ¿Por qué nos ha mentido?
-¿De qué habla? –Preguntó, siempre nervioso.
-No había gente en ese negocio a esas horas, y lo confirman testigos cercanos al lugar. Oyeron un disparo, pero nadie salió de la heladería.
-Debieron ver mal. ¡Les digo que salieron!
-Segundo punto... Dijo usted que no se podía comer helado porque estaba descongelado... A lo que vino una pregunta a mi mente. ¿Puede el helado descongelarse en cinco minutos, diez como mucho? Es el tiempo máximo que usted podría haber tardado en tomarle el pulso al hombre y confirmar su fallecimiento. Y luego debió llamar a la policía, para confirmar el crimen. Para ese entonces, el helado debió haberse congelado nuevamente. Además, ¿Impide que “el helado esté medio descongelado” el poder comérselo?
-¡Pero el hombre! ¡Pudo haberse suicidado! ¡No es mi culpa!
-Continuando el segundo punto, revisé la mercadería dentro, y no había helado de limón. Tenía ganas de probarlo, pero no lo hallé. Luego, investigando, averigüé que no pasó ningún camión que llevara helados por esta zona.
-Pero...
-Tercer punto. El hombre fue asesinado y cortado. Encontré un pequeño objeto cortante y me fijé en las huellas digitales. Cuando usted apoyó su mano en la puerta, dejó otra huella. Envié ambas a una central de policía y recibí el informe de que coincidían.
-¡Pero yo toqué el objeto cuando fui con el hombre!
-¿Tiene algo que decir a su favor?
-¡¿Cómo podría saber yo el diálogo que hubo dentro del congelador?! –exclamó.
-Pudo no haber diálogo.
El detenido se quedó con la boca abierta. Luego de un tiempo, Volvar insistió en que lo llevaran a la cárcel, tras lo cual, se negó, pataleó y gritó:
-¡Confieso!
Volvar se acercó y pidió que lo soltaran. Entonces, le pidió que dijera lo que tenía que decir.
-Un hombre entró al negocio, y dijo que sabía que ese guardia venía seguido. Me ofreció dinero por matarlo en el congelador. Yo me negué. Pero él tuvo sus técnicas de persuasión:
“-Si no aceptás el trato, tendré que tomar medidas desesperadas: matarlos a ambos.” -Tras lo cual pensé que me convendría: -¿Qué... tengo que hacer?
-Lo llevás al congelador y nos dejas solos. Primero, lo apagás, y haces todo lo posible por retrasarlo hasta que esté a temperatura normal. Te estaré vigilando. No hagas nada raro.”
-Fue entonces cuando entró el guarda. Dijo que quería un helado, pero yo le respondí que se estaban congelando en el congelador. Lo distraje hasta que pasaron 30 minutos. En ese momento, lo llevé a que me acompañara, y allí vio al asesino. Él lo llevó adentro, y lo iba torturando. Se oían frases como “tú lo mataste” y “Carl, recuerda ese nombre en el infierno” mientras yo me estaba traumatizando afuera. Luego de un largo tiempo, oí dos disparos, y el hombre salió del congelador. Me pidió que lo prendiera y que hiciera como si todo pareciera normal, y que llamara a la policía diciendo que hubo un asesinato. Me pidió una salida y le señalé un pasadizo secreto en la heladería que tenía por si los ladrones estuvieran afuera sitiando mi negocio. Salió por ahí y no lo volví a ver.
Volvar hizo un gesto, y se lo llevaron. El encargado gritaba que no era culpable del asesinato, y que el verdadero homicida lo había obligado a ocultar todo, diciéndole que sabía dónde vivía (Sí todo eso le gritó). Entonces volvieron a la oficina de Volvar, y allí conversaron:
-El hombre es inocente. –dijo –Este asesino no dejó la tarjeta ni robó el documento para inculparlo y desviar el rastro. Una jugada típica de este Grupo M... Deberían llamarse así, por Misterioso...
-No es un grupo. Es una sola persona.
-¿Y cómo dedujiste eso?
-Carl es el nombre de uno de los dos hermanos, y el otro es Conrad. No sé cuál está vivo, pero es algo. Sus nombres son Carl Neill y Conrad Thompson. Él se hace llamar “Grupo K” porque el espíritu de ambos está en la K, que tiene igual fonética, o parecida que la C... Así es, la K no es nada más que una letra que reemplaza a la C. Eran hermanos, y tenían diferentes padres, pero eran muy unidos, como un Grupo... El Grupo K. – (Si, si. Tranquilo Sam. No te alteres, ya te entendimos.)
-Excelente. Tenemos nombres. Ahora, ¡hacia al archivo penal! –
Revisaron los archivos de la computadora mediante un buscador. Un perrito vestido de Sherlock Holmes caminaba por la pantalla y sacaba como pistas de un suelo color pantalla. Lo examinaba con una lupa y lo dejaba. Al final de la búsqueda, dos archivos aparecieron destellando: Carl Neill y Conrad Thompson. Volvar entró en uno de ellos y comenzó a revisar el de Neill. Buscando minuciosamente, encontró algo, y leyó en voz alta:
-“Fue hallado muerto de hemorragia en su celda la mañana del 28 de agosto del año 2000, dos años antes de que terminara su condena. Un examen forense detectó un tiro de una calibre 22 en el hombro y otro en el estómago, y varios cortes graves en los brazos y piernas debido, según el especialista, a la influencia de un cortaplumas...”
-Thompson es el culpable. –dijo Sam. –Ahora lo recuerdo, cuando halló a su hermano así al despertarse por la mañana. No fue un espectáculo muy bonito que digamos. Él sabía que lo habían llevado por la noche en secreto cuando ya era muy tarde. Yo era su compañero de celda. Fui su amigo desde entonces, pero nunca supe bien su nombre.
-Dijo que era policía, ¿verdad?
-Sí.
-¿Cómo lo sabe?
-Salí un par de días después de él. Me dijo que dejaría su carrera criminal, y que les enseñaría a los practicantes de la Ley cómo se debería comportar un verdadero azul. No lo vi desde entonces.
Volvar volvió su atención a la computadora. Volvió a buscar el nombre Thompson, y halló dos archivos: el penal y el actual. Antes de que hiciera algo, McGiff se le reportó y pidió el irse a su casa. El detective aceptó:
-Te lo debía. Ya no quiero ningún problema, ni saber nada sobre los calamares, ¿de acuerdo?
-Sí, mi amigo.
Entonces se retiró, y el policía compañero de Sam volvió a la computadora, abrió el documento, y dijo:
-¡Comisaría número 12! ¡Es el comisario!
Sin apagar la máquina, salió corriendo del lugar. Sam esperó hasta que el documento se imprimió y lo siguió, sin ganas, como siempre.
-¡Vamos, rápido! ¡Debemos irnos! –gritó el detective –¡Son las 15:38! ¡Todavía podemos detenerlo!
Subieron al auto policial y emprendieron el camino hacia su destino. Pero no veían lo que ocurría, o tal vez no les interesaba: una pequeña camioneta roja los seguía.

Fueron las 15:49 cuando llegaron a la CGA. El que parecía seguirlos siguió su camino, y si lo vieron, sólo les pareció un auto más. Volvar entró a la comisaría muy apurado, y pidió que el oficial Thompson se le reportara.
Un hombre vestido de comisario (¡qué extraño!), con el pelo corto, unos ojos celestes, una nariz corta y orejas grandes se le acercó, y pidió la razón de ese llamado.
-Señor Thompson, necesito que venga a ver una escena del crimen. Puede que le interese. –dijo Volvar.
El oficial lo siguió, con el aspecto más natural del mundo. Subieron al auto y viajaron hasta la heladería, que se hallaba casi vacía. Un móvil policial hacía guardia en el lugar.
Descendieron, y entraron al lugar. Abrieron el enorme congelador y hallaron las líneas blancas propias de los asesinatos.
-Llegamos muy tarde. –dijo Sam.
-¿Qué quería mostrarme, detective?
-Había aquí un hombre, llamado Jack Than, ¿lo conoce?
-No creo.
-Revisando su archivo, encontré que tenía usted un hermano.
-Sí. Lo asesinaron cuando estábamos en prisión.
-¿Qué lo llevó allí? –preguntó Sam.
-Es mi ayudante. Responda la pregunta, por favor.
-¿A prisión? Es un capítulo vergonzoso de mi vida...
-¿Qué lo llevó a prisión? –repitió.
-Robamos una joyería. Un oficial nos vio y nos detuvo.
-¿Cómo murió su hermano?
-¿¿Acaso debo responder a esto?? ¿¿Me trajo para hacerme preguntas dolorosas de mi vida??
-Responda, comisario.
Hubo una pausa.
-Lo mataron en la cárcel. Fue un guarda.
-Este hombre era un guarda de la cárcel, ¿sabía?
-¿Than dijo que se llamaba?
-Sí.
-Bien. Si le interesa escarbar en mi doloroso pasado, él mató a mi hermano.
-¿Por qué no lo dijo en un principio?
-A ver, ¿tiene padres usted? ¿¿Cómo murieron??
-Limítese a contestar, comisario. –dijo Volvar.
-Amigo mío... No quiero tener que recurrir a la violencia... Lo conocí en la prisión, era su compañero de celda.
-¿Entonces para qué pregunta todo esto?
-¿Por qué se hizo policía?
-¡Para hacer ver cómo debería comportarse un verdadero hombre de la Ley! ¡Para demostrarle a estos... asesinos... que se puede aplicar la ley sin torturar, ni matar a nadie!
Sam no reconocía a este hombre. No era Conrad Thompson, y de eso estaba seguro.
-¿Sabés quién soy? ¿Te acordás de tu compañero de celda?
-No... Pero veo que también te hiciste policía.
-No estoy tan acuerdo con eso. Mirá, lamento lo de Carl, fue un buen hermano menor.
-Sí. Lamentarlo no basta.
-Lamentar la pérdida de un hermano no es suficiente. ¿Pero de qué te lamentás vos?
-¿Qué quiere decir?
-Amigo mío. Conocía a Conrad Thompson, una persona como usted. Pero un hombre con ojos verdes...
-Jah, sos de esos que sólo me vieron con los lentes de contacto.
-Conrad Thompson me dijo bien claro que no utilizaba lentes, y que prefería quedarse ciego a utilizarlos, y vos no sos Conrad Thomson.
-¿Cómo podés decir eso?
-Porque, simplemente, el informe que tengo –dijo Sam, sacando el informe que había impreso en la oficina de Volvar -dice bien claro que Conrad Thompson tiene ojos verdes, y el informe médico de la cárcel dice que no ha necesitado nunca, ni necesitará en un largo tiempo el uso de lentes. Todo esto apunta a que mentís, y que sólo sos un peón en el juego del Grupo K.
-¡Yo no pertenezco a ningún Grupo K!
-¿Quién fue tu padre?
-John Thompson, ¡el mismo que el de mi hermano! ¡Te contestaré hasta el hartazgo todo lo que me preguntes hasta que me creas inocente!
Volvar se interpuso entre los dos:
-Queda arrestado. Conrad Thompson era hermano de Carl, pero no tenían los mismos padres.
-¡¡QUE YO SOY CARL THOMPSON!!
Sam sonrió:
-No existe tal persona, impostor. –Dijo. (Bueno, tal vez si busca en la guía. Pero no está dentro del relato.)
-¡Arréstenlo y llévenselo! –gritó Volvar a los policías que hacían guardia.
El hombre gritaba con voz fuerte que no era culpable, pero de nada servía. Todo estaba en su contra. Cuando se lo llevaron bien lejos, el detective felicitó a Sam por su comportamiento. Pero lo que estaban intentando evitar no había terminado aún. Eran las 16:02, y Volvar se dijo que no había tiempo. No conocían el blanco, y tardarían varios minutos valiosos saber cuál era. Para entonces, Conrad Thompson habría completado su venganza.
Sam abrió su traje y sacó un informe: el mismo que había recogido de la mesa en su casa, el mismo que el informante del Don le había dado y, tal vez, el único que podría salvar el día.
-Están tachados los nombres del juicio en que todas las víctimas participaron, menos los dos que quedaron. –dijo –Veamos... Jack Than ya no está con nosotros, por tanto no puede ser la próxima víctima. Sólo queda un nombre... ¡Ahá! El oficial que los vio robar la joyería, el mismo que atestiguó contra los hermanos.
-¡McGiff! –ladró Volvar.
-¡Ya sabía yo que lo conocía de algún otro lado! ¡Del juicio! ¡Por supuesto! Mi caso seguía luego del de Thompson, me pusieron 6 años y 20 días, ¡qué error en el sistema judicial!
-Si no le importa, mi amigo, son las 16:07 y me gustaría atrapar al culpable.
-Descuide.
-Entonces... –dijo Volvar cuando emprendieron las corridas al auto –McGiff vive a 30 minutos de este lugar, en su casa, claro está. Si Conrad continúa con sus 6 horas de diferencia entre los asesinatos, éste ocurrirá a las 16:30.
-¡Imposible! ¡No llegaríamos! –gritaba Sam.
Volvar le ordenó que condujera el vehículo. Gritaba que había una opción, y que ésta era algo que no le gustaría mucho.
-¡No, no, no! ¡¡No quiero problemas con eso de pasarse las luces rojas y andar a 120 km/h!!
-¡Es la única forma!
Sam prendió el auto, y comenzó a andar en la calle a velocidad normal. Pasó un minuto hasta que se decidió, apretó el acelerador y dijo:
-De acuerdo, lo haré.
Iban corriendo por la carretera, cuando Volvar le mencionó algo sobre evitar el hacer una “Maniobra profesional de conducción”, que Sam ignoró. El reloj de Volvar marcaba las 16:10 cuando la velocidad del auto llegó a los 80 km/h...

McGiff escuchó un ruido fuera de su casa. No fue a investigar, ¿y si era el asesino? Quedaba él, sólo él... Todavía no entendía por qué se fue a su casa.
Ese psicópata lo iba a torturar y asesinar en la heladera, como a ese pobre guardia, o tal vez lo encierre en su auto y haga explotar una bomba. ¡O peor! Lo cortaría en trocitos y luego lo vendería como carne por la calle. Mientras más lo pensaba, más se asustaba. Era mejor quedarse en casa, quieto.
No había sol, sólo un cielo nublado. No quería morir, no podía... ¡Era muy joven!
Olvidó el ruido, todo, incluyendo al asesino, y miró al reloj. Marcaba las 15:58... Tenía poco más de media hora de vida. Fue a buscar su arma, y la cargó. Esperó allí, en el sillón. Luego, una idea brillante le iluminó el día: había comida en la heladera. ¡Comida! Caminó hasta allí y se sirvió un vaso de agua. ¡NO! ¡Si iba a morir, moriría con un sabroso Whisky en las venas!! Sí, ¡¡Whisky y una comida de reyes!! No había tiempo para calentar, pero no le importaba: o comida caliente o la muerte. Pero dado que la segunda era segura, y no le gustaba para nada, McGiff puso a calentar su comida... Comida, comida de reyes... Sí, y moriría como un rey. Ese asesino lo mataría, ¡¡pero él moriría como un rey!! ¡¡Habría ganado la batalla, y la guerra!!
Tomó los mejores alimentos que tenía en su heladera, y los mezcló con otros. A todos los puso a calentar. Buscó sal, y pimienta, ¡y azúcar! (¿Azúcar? ¿Está loco éste?) ¿¿Cubiertos?? ¡¡Los cubiertos, McGiff!!
Puso la mesa, y se llevó todo lo ya dicho, un vaso vacío y un Whisky de la mejor cosecha. El reloj marcaba las 16:15. Ahora tenía quince minutos para terminar su “última cena”.
Buscó la “merienda” calentada, y se sirvió. Empezó a comer su comida de reyes, y se acordó de que un auto rojo parecía seguirlo. ¿Y si era el asesino? ¿Por qué no lo había matado todavía? ¿Tal vez porque él se apegaba a sus estrictas reglas sobre los asesinatos en un lapso de 6 horas? ¿O para tener una venganza más dulce? ¡Pobre McGiff! ¡Iba a morir! Pensando en el pasado, lamentó estar cuando el Grupo K robó la joyería, y se arrepintió de haber atestiguado contra ellos.
Eran las 16:25. Estaba terminando su comida. Imaginó lo que podría hacer si sobreviviera por milagro, y rió. Cuando terminó, se recostó en un sillón y puso la alarma. Continuó imaginando, viajando al pasado. Trataba de recordar lo bueno, su infancia, sus amigos... Su familia...
El aviso de muerte de la alarma sonó a las 16:29. Le quedaba un minuto de libertad, de vida, antes de que llegara el fin. Sonó el timbre, a eso de las 16:29:32, pero no se molestó en contestar. Si lo iban a matar, ¿qué les costaba ir a él?
Se acercó a la mini-ventana de la puerta trasera y miró el cielo. Se veía que las nubes desaparecían, poco a poco. Miró el cielo, y su mirada se desvió a un naranjo, en su jardín. Un pájaro se subió allí, y un gato lo siguió. Juntos, formaban una sombra siniestra.
Se oyó un ruido silencioso proveniente de ella, y se repitió. McGiff sintió como si le hubieran pinchado con una jeringa, una vez en el estómago y otra en el hombro. Dejó caer su arma, pasó la mano, y vio sangre. ¡Eran balas!
Otro despertador en su casa sonó, y le indicó gentilmente a su dueño que eran las 16:30... El timbre sonó nuevamente. Todo se volvió oscuro; la sombra gato-pájaro bajó del árbol, y se acercó al oficial con un cortaplumas en la mano.
-Carl pasó por esto... Fue tu culpa... –dijo una voz siniestra como su sombra, mientras sonaba el timbre nuevamente –Pagada será ésta... Te presento a mi cortaplumas, el que mató ya a tantos en su vida llena de justicia... Carl... Esta... Es... MI... ¡¡VENGANZA!!
La puerta se abrió con un ruido, y tres disparos sonaron. Todos acertaron al victimario, y este cayó al suelo. Soltó el arma, y no tuvo fuerzas. McGiff se levantó, con dolor, ayudado por Volvar. Sam no dejaba de ver a su compañero de cárcel ya vencido.
-Queda arrestado por asesinato y tortura... Y otros cargos. –gritó.
El victimario gimió, tratando de decir algo como “¿No me va a decir mis derechos?”.
-Lo siento, amigo. No soy policía. –dijo Sam, tomando la pistola de su viejo compañero, y descargándola.
Fue entonces cuando Conrad Thompson supo con quién hablaba. El detective, sin embargo, le dio la espalda, y llevó a su amigo fuera de la casa. Éste intentó levantarse, ayudado por él.
-Tranquilo, todo va a estar bien. Una ambulancia viene en camino.
Sam volteó para verlo. Ahora lo reconocía: era el mismo oficial que atestiguó contra el Grupo K. Otro disparo sonó, pero no le dio a ninguno de los presentes. El enviado del Don volteó y observó a Conrad Thompson con el arma del oficial, apuntando al detective. Pateó la pistola apenas la vio, pero no a tiempo para detener el segundo tiro. McGiff, en el acto heroico de salvar a su amigo, se metió entre él y la bala mortal.
Dio el proyectil en el corazón cuando cayó al suelo, y vio que Volvar le devolvía el fuego. Luego, sus ojos no vieron más. El victimario también recibió disparos mortales, que lo dejaron tendido sin un rastro de vida. Puede que el Grupo K haya perdido la batalla, pero consiguió una victoria mayor: obtuvo su venganza, y ganó la guerra.
-¡McGiff, no! –bramó Volvar.
-No llegué a tiempo de detenerlo. –dijo Sam –Lo siento.
En pocos minutos llegaron los refuerzos. El detective dejó el trabajo en manos del resto de la policía. La ambulancia arribó, y se llevó a los dos, víctima y victimario. Ambos fallecieron, y decretaron la hora de la defunción a las 16:30. Volvar pidió un poco de consideración: que la hora mortal de su amigo fuera a las 16:31, como muestra de que el Grupo no ganó esa batalla.

Pasó el día sin más novedades. A la mañana siguiente, el Don recibía el diario de siempre. Estaba hablando con Sam, diciéndole el buen trabajo que realizó.
-Fue un muy buen trabajo, Sam. Venite mañana. Tengo que recompensarte. –rió, y colgó el teléfono. Puso su atención en el diario y miró los titulares y copetes de las noticias que más le interesaron:



El Grupo K, ¿el líder?
El ya conocido grupo de asesinos seriales ya tiene un líder identificado, de nombre Conrad Thompson.

El fin del Terror
En el día de ayer, a las 16:31, terminó el reinado de terror de este grupo de asesinos.

El héroe
El oficial Marcos McGiff dio su vida por el detective que halló al culpable de los misteriosos asesinatos seriales. Mañana sus compañeros despiden su alma en el cementerio de JorkStyred.

Accidente en la carretera
Un irrespetuoso auto policial que viajaba a 140 km/h fue el causante de un accidente y estancamiento de tráfico en la calle más transitada de la ciudad. Todavía se busca al conductor, y se le tiene una gran multa preparada.

Agente abandona
El detective Alfredo Volvar, investigador de la policía renunció ayer, luego de su aventura con el Grupo K. Comentó a la prensa que prefería trabajar fuera de la policía, siendo su propio jefe.

Policía arrestado
Un oficial de policía que utilizaba un nombre falso fue arrestado por ser cómplice del Grupo K en sus asesinatos. Se le juzgará en una semana, y la sentencia será dura.

-Un muy buen trabajo, Sam. –dijo para sí el Don –Un muy buen trabajo...
Cerró el diario, y procedió a atender una llamada de un teléfono que sonaba. Era un amigo suyo:
-Antonio, –dijo la voz del otro lado –necesito ayuda.
-¿Qué tipo de ayuda, mi compañero?
-He decidido que podríamos trabajar juntos. No quiero tener un jefe: te pido que seamos socios en tu negocio.
-¿Así que optaste por entrar en mi mundo?
-No lo haría si no tuviera otra razón.
-Bien, te veo mañana, en el lugar. Allí hablaremos. De ahora en adelante, no quiero problemas con los calamares, ¿de acuerdo?
-Yo tampoco, de eso no hay duda. Te veré ahí.
-¿Me vas a decir qué te hizo cambiar de opinión, Alfredo?
-Amigo, tal vez un día, cuando conozcas mi mundo, lo sabrás. Hasta entonces, ¡buena suerte!
Y colgó...