Sunday, October 28, 2012

Tragedy


Se conocieron en el parque, ella estaba sentada leyendo y él con su cámara sacando fotos al paisaje, hasta que la vio. Se acercó y tomó un par de ella, que sonrío tímidamente. “¿Qué estás haciendo?”, preguntó ella. “Estoy contemplando la belleza del lugar”, le contestó él, sacándole otra foto. Ella sonrió, dejó el libro y se pusieron a hablar.

Con el correr de los días se fueron conociendo más. El chico sentía que había algo único en su nueva amiga. Pasearon por muchos lugares. Ella siempre con una historia para contar, él siempre con su cámara, decidido a no perder en ningún momento una captura artística, tanto del paisaje como de la chica. Ambos se reían. La conversación parecía ser inagotable, nunca con pausas incómodas.

Todo era natural, y también lo fue el sentimiento que nació ese día en el parque, y que fue creciendo con cada encuentro. El tiempo no se hizo esperar y pronto empezaron a tomarse de la mano, a caminar mirándose los ojos. Para ella, él era impredecible, irresistible, único; cualquier combinación de palabras que se le ocurría apenas raspaba la superficie de lo que realmente era. Para él, por más que sacara miles de fotos, ninguna podría capturar la esencia de ella, pero allí estaba, mirando en lo profundo de sus ojos claros, y no había otro lugar donde quisiera estar.

Y así, terminaron juntos. Sus amigos los felicitaban, algunos decían que tenían personalidades muy similares, y que por eso se llevaban tan bien. Otros todo lo contrario, que justamente eran el uno para el otro porque se complementaban. No hay que dar razones para amar y no es necesario explicar por qué ocurre. Ambos estaban felices, y no podían imaginar que no lo serían en el futuro.

El chico pasó varios de sus días planeando la cita ideal. Todo iba a ser una sorpresa. Visitarían el parque, donde le diría a ella que busque debajo del asiento. Encontraría las fotos que le sacó aquella primera vez, con palabras escritas en el dorso. Luego irían a varios de los lugares que visitaron, donde las fotos estarían escondidas en un objeto especial de cada visita. Cada palabra era parte de un acertijo, que describía un objeto final, que ella tenía que descifrar. Por último, la llevaría a un lugar nuevo, donde no habría fotos escondidas, sino un anillo. El chico había decidido que ella era todo lo que quería en la vida.

Ambos ocupados con las rutinas diarias, fijaron una fecha para salir, que él decidió que iba a ser el día ideal. Esa mañana, ella llegó a la casa de él con malas noticias: algo había surgido y tenía que irse ese mismo día del país, y no sabía cuándo volvería, si lo hacía. Él se quedó pensando en que toda su vida estaba rompiéndose en pedazos el mismo día que planeaba empezarla. Le preguntó por qué se iba, por qué justo ese día; le rogó que se quedara, o que al menos pudieran concretar su cita, pero ella no respondía ninguna pregunta y nada la hizo cambiar de parecer. Ella quería quedarse y pasar una última mañana juntos, pero él lo rechazó. Enojado y triste le gritó que se fuera, que no volviera, que todo era una mentira para romper su relación sin decirle la verdad.

Más tarde decidió juntar las fotos y todo lo que había preparado. En el parque había una multitud de gente. Pensó que había un espectáculo, y que no le vendría mal entretenerse con algo. Allí estaba ella, pálida y acostada en el suelo, sus ojos mirando al cielo. Su esencia sanguínea manando de una herida de cuchillo en su cuerpo. En ese momento se sintió tan vivo como ella. Para el chico, la única diferencia entre ambos en ese sentido era que al menos él podía respirar, pensar, sentir. Por dentro, estaba tan negro como su pelo, tan muerto como su cuerpo, tan vacío como sus ojos.

Se había ido, como había avisado, aunque no como lo había esperado. ¿Se habría sentido mejor si ella estuviera viva, en otro lado, con otra persona? No lo sabía. Su garganta estaba seca, sus ojos irritados. Su cabeza le dolía. Pensó en lo último que le dijo, en lo enojado que estuvo con ella, en lo poco que importaba ahora. Una última mañana juntos, había cambiado eso por su muerte. Si no le hubiera dicho que se fuera, ella estaría viva. Nunca encontraron al culpable del crimen, aunque él pensaba que tenía la culpa, que era como si hubiese sido su propia mano la que hizo la herida mortal. Lloró por varios días. Rezó incluso, pidiendo una oportunidad de redimirse, de retractarse, de decirle lo que mucho que lamenta lo último que se dijeron. “No puedo vivir sin vos, ya no sé cómo”.

Pero nada funcionaba, nada lo hacía sentirse mejor. Decidió probar con esos juegos que se comunican con los espíritus. Encendió tres velas, dibujó pentagramas, depositó las fotos en el centro de varios, el anillo en la figura más grande, rodeó con sal su habitación, cerró las puertas y ventanas. Apagó las luces y pidió a los espíritus por hablar con su amada. Sonó el aullido del viento y se apagó una vela, lo cual era extraño pues no había forma de que soplara dentro. Pidió hablar con su amada y un temblor en apagó otra vela. Exigió hablar con ella.

Esta vez no pasó nada. Se levantó, frustrado y de casualidad observó algo extraño en un espejo. Se acercó. Allí estaba, ella, su amada, la chica que siempre sonreía, la que tenía una historia para contar encada lugar, la que una foto no podía capturar. Ahora en un espejo, con los ojos cubiertos por el pelo, la cara pálida, las lágrimas secas. Le dijo cuánto lo sentía. Cuánto lamentaba todo. Ella no se movió, pero rió. No era su risa. Tal vez los muertos reían distinto.

Sintió una puñalada y se arrodilló. La sangre empezó a manar de la herida sin interrupción. La tercera vela se apagó. Tardó un momento en acostumbrarse a la oscuridad. Cuando lo hizo, notó que no había nadie más en el espejo. Un viento terrible rompió las ventanas, como si algo quisiera escaparse, luego las velas se volvieron a prender y se cayeron, encendiendo la habitación. Parpadeó y allí estaba otra vez. Sangrante, roja, muerta, como él. Y lo estaba esperando, del otro lado. La casa se incendió, borrando todo rastro del ritual, de su historia. Las fotos se incineraron y el anillo permaneció en el centro. La chica se lo había llevado al otro mundo. Ya no tenía que vivir sin ella. Ahora sí estarían juntos.

Saturday, June 9, 2012

The Legend of Husky


¿Qué hace que alguien sea una leyenda? ¿Algún acto heroico, una habilidad única, un aspecto destacable? Husky era un runner de alma. No corría para llegar primero, sino por el mero hecho de sentir que estaba cortando el aire. No saltaba para llegar más alto, sino por el breve momento que le permitía creerse que volaba.
La joven leyenda no conocía realmente su potencial ni sus límites cuando todo empezó.

El Dr. Rojo se había presentado. Dijo que venía de muy lejos, buscando un lugar tranquilo para su investigación. No parecía que fuera a causar problemas, por eso le permitieron quedarse, pero la hospitalidad tuvo su precio.
Un día, Husky descubrió una instalación. Su ubicación la mantenía en secreto, y por ello parecía ser importante. No pudo explorar mucho pero suponía que era la base del Dr. Rojo

Tiempo después, se encontró con él, volando en su jetpack con sus lentes de sol cubriéndole los ojos. El Dr. estaba hurgando en su casa. Apenas lo vio, Husky llamó su atención y preguntó qué estaba haciendo. Como respuesta, Rojo sacó dos pistolas y empezó a disparar.
Husky se puso a cubierto y su enemigo aprovechó para huir. Luego de oírlo irse, empezó a revisar qué era lo que estaba buscando. Cuando se dio cuenta que ya no estaba, un único pensamiento cruzó su mente: recuperarlo. Y sabía adónde tenía que ir para ello.
Se preparó, buscando su equipo de runner. Se dirigió a toda velocidad a las instalaciones que había encontrado. No podía ganarle al jetpack, pero tampoco iba a dejarse vencer tan fácilmente. No sabía qué enfrentaría allí, ni cómo podría vencer al Dr. en su territorio, pero no le importaba. Nada le importaba, sólo recuperarlo.
A cualquier costo.

Llegó a las instalaciones y atravesó puertas y pasillos interminables. Algunos tenían traicioneras espinas, otros requerían de su habilidad para atravesar obstáculos. Muchos eran sencillamente vacíos y aburridos. Pero había una pregunta que lo mantenía alerta en cada paso, en cada salto: ¿Dónde estaba la seguridad?
–Lleven los suministros a la parte inferior.
–¡A la orden!
Husky se detuvo un momento, buscando un lugar para esconderse. Esperaba que hubiera gente en el lugar, pero la sorpresa se hizo sentir de todas formas.
Luego de un momento de no escuchar pasos ni señales de vida, decidió buscar el origen de la conversación. Guiándose por lo que recordaba, se dirigió a una puerta, donde halló una radio en el suelo. La levantó y apagó. No quería que supieran que estaba ahí por estar escuchándola. Decidió que la prendería en intervalos, cuando creyera que no habría nadie cerca, y se dispuso a seguir el camino.

En cierto momento, Husky activó un sensor. Inmediatamente después se desplegó una defensa lanzamisiles que empezó a disparar. Esquivando como pudo, logró atravesar el corredor hasta doblar en una esquina.
Las alarmas empezaron a sonar, probablemente debido a la activación de la defensa. No había forma de haberlo evitado, tarde o temprano iban a descubrir que alguien que no habían invitado estaba corriendo por los pasillos. Las instalaciones ahora sabían que tenían un intruso y la seguridad que tanto Husky ponía en duda parecía que iba a empezar a mostrarse.

–El intruso es ágil. Puede evadir las espinas y los misiles.
–Yo digo que hay que liberar a la bestia y probar su poder.
–El Núcleo se encuentra en etapa de prueba. No está preparado para la tarea.
–La última vez que lo probamos casi nos mata...
–…
–Si es uno solo, podemos con él. Los que estén de acuerdo, nos vemos en Ingeniería. Hora de probar la capacidad ofensiva de los exoesqueletos.
–Enterado, cambio y fuera.
Husky apagó la radio. Había escuchado suficiente (y también ese fue el final de la conversación). No quería hacerlo tan temprano, estaba guardándose para el Dr. Rojo, pero la situación había cambiado: iba a tener que hacerse camino por la fuerza.

En su camino encontró varios exoesqueletos controlados por operarios. Por suerte eran lentos y poco ágiles, por lo que se aprovechó de eso. Luego de destrozar el último de un grupo de tres, el que lo controlaba tuvo el valor de preguntar quién era, por qué estaba haciendo todo esto.
Husky se detuvo, dándole la espalda y contestó:
–El Dr. tomó algo de mi, algo preciado.
Dejó que pasara un momento de silencio y continuó:
–Vine a buscarlo y ustedes no van a detenerme.
Y corrió, como si fuera el viento.

Mientras hacía walljumping para llegar al tope de una estructura, alcanzó a divisar al Dr. con su Jetpack, avanzando cerca de las espinas y pasando por al lado de las trampas sin que se volvieran en su contra. "Deberá tener alguna especie de control", pensó y se dispuso a atravesar la sala como sólo Husky podía hacerlo.
Rojo estaba cerca, y no iba a escapársele.

Llegó a una habitación con mucho espacio y varios vidrios azules que dividían el lugar en dos. Permitían ver quién estaba del otro lado, en un escritorio, sentado y tipeando en su máquina.
–Dr. Rojo...
Husky no pudo contenerse y saltó, tratando de romper con el golpe aquel vidrio que lo separaba de su enemigo.
Rojo rió y continuó tipeando.
–Es un escudo, no atravesable por ningún arte del que creas tener control.
–¿Dónde está?
–Vas directo al punto, veo. La cuestión es que ya no está.
–Miserable... –dijo y cerró el puño.
–¿Tanto valor tenía?
–Era único, el último de su clase... ¡Y era mio!
–Noto bastante obsesión por tan poca cosa.
–¡No tenías que hacerlo!
–Ah, claro, porque si me presentaba a tomar el té y lo pedía amablemente me lo ibas a dar.
–¿Sabías que estaba en mi poder?
–Yo sé muchas cosas, Husky. Simplemente sé.
Se levantó de su asiento, tomó el Jetpack, las pistolas y continuó.
–La cuestión es que estás con nosotros, y voy a aprovecharlo.
Debió presionar algún botón en alguna parte ya que una voz confirmó la acción, la terrible acción que ni Rojo ni Husky podían comprender en ese momento:


–Núcleo en línea.
–Me encantaría quedarme a jugar, pero estoy ocupado y este no es un buen momento. Si vas a perseguirme o no, en cualquier caso lo mejor es que corras. Acabo de soltar el terror y este lugar ya no es seguro.
>>Voy a estar observándote, mientras recuerdo tener tu preciado objeto en mi poder. Era único, sin duda...
Y se alejó, desactivando los escudos antes. Husky corrió pero no pudo alcanzarlo. Un gran precipicio lo separaba de Rojo, uno que no podía cruzar. Tenía que buscar otro camino.
Volvió a apretar el puño, y con su ira contenida dijo para sí:
–Ya te voy a atrapar, y vas a pagar por esto...

–A todo el personal, este es el Capitán. El Núcleo acaba de ser activado. Diríjanse a la zona inferior de las instalaciones para iniciar la evacuación. Los transportaré personalmente en la nave de suministros.
–Capitán Slutzky, ¡está pasando otra vez!
–¿A qué se refiere?
–El Núcleo está tomando control de los sistemas de seguridad. Incluso desmanteló niveles enteros y está generando unos nuevos... Parece estar jugando con este lugar.
–El Dr. Rojo aseguró que esta vez estaría controlado. La evacuación es parte del protocolo, así que mejor deje de espiar lo que hace y veámonos en la zona previamente dicha. Cambio y fuera.
La radio quedó en silencio.
“¿Qué significa que pueda crear y desmantelar niveles?” se preguntó Husky. “¿Qué hacía tan temido al Núcleo? ¿Es la razón por la que Rojo decidió crear las instalaciones?”

–A todo el personal, este es el Capitán con una advertencia. Recibí varios informes de trampas que están presentando desperfectos. Por favor, sean prudentes y mantengan distancia. Algunas están activándose aún con personal autorizado en el área.
–¡Sabía que era una pésima idea volver luego del desastre que causó el Núcleo en las viejas instalaciones!
–¡No debimos confiar en Rojo otra vez!
–Por favor, no sabemos si el Núcleo tiene algo que ver con esto. No creamos rumores que difundan el pánico y el miedo, sólo... Vayan al área de evacuación, y traten de no activar nada en el camino.

Husky acababa de ver gente corriendo en los pasillos de la instalación. Algunos le prestaron atención, otros no. Todos corrían, alejándose de una dirección en común. En cierto momento, el lugar empezó a temblar, el suelo abajo de sus pies se abrió y la gravedad hizo lo suyo.
Evitando el final, puso en práctica sus habilidades y logró llegar a tocar piso sin morir en el intento. Prendió la radio para ver qué estaba pasando y mientras caminaba buscando una salida se dio cuenta de algo: este lugar era diferente...

–A todo el personal, este es el Dr. Rojo. El Núcleo acaba de empezar la segunda fase de su inicialización. Sugiero que se alejen de los pasillos, de las habitaciones, de los niveles y de la maldita instalación. Ya no me son útiles.
–¿A qué se refiere Doctor?
–Me refiero, Capitán, a que si quiere salir con vida del lugar, ahora es un buen momento.
–¡Todavía hay gente que no llegó al punto de encuentro!
–Me lo dijeron la vez anterior, sí. Y sobrevivieron entonces porque la persona al mando hizo lo que debía. Usted haga lo que quiera, Capitán Slutzky, la decisión pesará en su memoria, o tal vez no tenga esa suerte. Rojo fuera.
–¡Confiamos en usted! ¡.. confié en usted! Si salgo de este lugar, ¡considérese enterrado!

–A todo el personal, este es el Capitán. Salimos en diez minutos, así que si quieren salir, apúrense, o serán parte de la sesión de disparos.
–Increíble cómo cambió luego del mensaje de Rojo –pensó Husky, mientras corría por ese extraño nivel.
Ahora el suelo se intercalaba entre uno de verdad y esos vidrios azules. Daba la impresión de que en cualquier momento los escudos se desactivarían y caería al vacío. Para colmo, en varias ocaciones un bloque cayó del techo y estuvo cerca de no poder contarlo.
Se detuvo un momento para tomar aire y se quedó mirando la radio. Ya habían pasado cinco minutos.
–No parece que tenga mucho tiempo, Capitán –dijo la voz del Dr.
–¡Rojo! ¿Cuál es tu problema? ¿Por qué hacés todo esto?
–Supongo que me sentía solo; nunca tuve un amigo, ¿sabe? Desde chico siempre me trataron mal. ¿No quiere ser mi amigo?
–¿Es una broma?
–Una broma lo haría reir: había un tipo que era tan borracho, pero tan borracho que le decían "genio", porque cada vez que destapaban una botella siempre aparecía... Ahhh, sabía que tenía que haber sido comediante. Pero eso ya no importa, el pasado quedó atrás, ¡hola glorioso presente! Tiene que vivirlo más seguido, Capitán, aunque no es que tenga mucho tiempo para eso...
–¿A qué se refiere?
–Ah, ¿no le conté? ¡Felicidades! El Núcleo lo ha elegido para una misión.
–¿Una misión?
–¡Usted es la misión! El Núcleo ha decidido que es una amenaza y debe ser eliminado. Un gran honor, ya que es el primero. En general no decide estas cosas, simplemente ocurren.
–Lo lamento Dr., nosotros ya nos vamos.
–Sé que estas escuchando esto, Husky. Yo lo haría, es la parte divertida del show.
Sonidos de metralletas disparando empiezan a sonar por la radio. Luego, el inicio de un fuego, y entre todo eso, los gritos desesperados de las personas que estaban enfrentando su final.
–Atención, Husky, atención, ya que eso es lo que te espera...
Mientras maldecía al Dr. Rojo, el cada vez más cercano sonido de avance de varias orugas –como las de un tanque quizás– precedió a una clara voz robótica que se hizo escuchar sin gritos de fondo, ni armas disparándose:
–Objetivo terminado.
Y momentos después, una serie de misiles cortó la transmisión de esa radio...

Corrió por los pasillos, pensando en lo que había ocurrido.
–Que me arrebataras algo es una cosa, pero esto... Uno simplemente no hace...
Una serie de bloques cayó del techo, formando una escalera y tapando el camino por el que vino. Del otro lado, apareció uno de los nuevos guardias del lugar.
Era alto, tenía dos metralletas –una en cada brazo– y sus ruedas como las de un tanque.


Tardó en abrir fuego, tiempo que Husky aprovechó para subir por los bloques caídos a la sección superior.
Siguió corriendo un poco más, mientras escuchaba en la radio al Dr. Rojo hablando del nuevo mundo que fundaría sobre las cenizas del viejo. "Como un fénix", decía.
Ahora quería tenerlo enfrente más que nunca.

–Sé que estás ahí, runner. Más cerca de mi, sí. Es la idea, de hecho, encontrarnos para poder medir tus habilidades. Detestaría que te pierdas o te eliminen, por lo que te daré algo de información.
–El Núcleo es capaz de crear y mejorar armamento reciclando partes que no se usan. Habrás notado que la instalación tiene un aspecto distinto de los primeros pasillos por los que habrás cruzado. Son estas partes las que usa para fabricar los tanques y niveles.
–Está poniéndote a prueba, quiere saber qué tanto podés resistir. Cada desafío a partir de ahora será más difícil que el anterior, y la innovación empieza ahora.
–Hay un nuevo tipo de misil cuya eficacia desconoce. Ahí es donde entra tu habilidad. Ah, y cuidado con la apertura y cierre de los escudos, suele ser mortal.
–Te estaré observando en estas últimas pruebas. Rojo fuera.

“No sé si este lugar se está viniendo abajo o si se viene abajo porque yo estoy ahí” pensaba Husky mientras descansaba.
Era un largo recorrido desde que entró, buscando recuperar lo suyo. Ahora no podía dejar de creer que estaba ahí por otra razón, una más superior y que quizás nunca comprendería. Pero ya no importaba, nada importaba salvo hacer pagar al Dr. Rojo por sus crímenes.
Ahora quería creer que todo tenía una razón, que había algo, un destino tal vez. Algo que hiciese querer la existencia de un mañana. Un sueño para conquistar y hacer realidad. Siempre quiso correr, por varias razones, pero principalmente porque se sentía libre. Libre y en sintonía con el mundo.
Siguió pensando un rato más, tratando de darle sentido a la situación, pero no sabía cómo. Su voz soltó una frase:
–Cuando el mundo se cae ante tus pies, sólo queda armar el camino con los escombros...

–Tu mayor prueba está cerca. El Núcleo armó el nivel especialmente para vos. Por mi parte, estoy revisando los videos, recordando cada momento con tu preciado objeto, hasta que dejó de existir, mirando el show que tuvo al Capitán como estrella principal.
–En el fondo todo está relacionado. Imaginamos situaciones impensables y tratamos de solucionarlas. Yo digo que a veces es mejor dejar de imaginar y hacerlas realidad. Probar a los individuos, sacar su verdadero yo. ¡Te sorprenderían los resultados!
Apagó la radio. No podía soportarlo más. Cuando lo tenga en sus manos, no habrá Jetpack para escapar, pistolas para disparar ni robots que lo defiendan.
Rojo había cruzado la línea que nadie debería cruzar.
Y Rojo estaba cerca...

Atravesó una puerta y llegó una amplia habitación que se iluminaba con cada paso que daba hacia adelante. Estaba lleno de esos tanques, exoesqueletos y varias otras cosas que no sabía que eran. Parecían estar saludando a Husky, como cuando los militares forman. A ambos lados del camino. Las luces de atrás se iban apagando.
Las máquinas estaban ahí para ver su triunfo o su fracaso, para saludar al enemigo.
–Que así sea. Les daré un show para grabar –dijo, saliendo de la sala y deteniéndose para mirar hacia atrás.
Acto seguido, el lugar quedó a oscuras y la entrada se cerró con la activación de un escudo.
–No hay necesidad de mirar atrás –se dio vuelta hacia la serie de luces que indicaban cómo llegar–. Sólo hay un camino a partir de ahora...

La habitación era parecida a aquella donde se encontró por primera vez con Rojo. Tenía bloques sobresaliendo de las paredes, espinas y algunos lanzamisiles desactivados, entre otras trampas que probablemente estaban ocultas.
Este era el momento que había ansiado desde que emprendió la búsqueda de su enemigo, y ahora estaba ahí, del otro lado del escudo. Sentado y observando, esperando la primera movida...
–¡Rojo!
–Husky, estaba esperándote.
El Dr. se levantó, se puso su Jetpack y brevemente rozó las pistolas en su cintura.
–¡Vas a pagar todo lo que hiciste!
–Estoy seguro de ello, pero te tomaste tu tiempo. Si hubieses tardado más, me hubiese quedado dormido.
–Mataste a toda esa gente y me robaste la última porción de chocolate que tenía.
–¡Era último de la isla! Definitivamente único. Tengo el video, quería mostrártelo, quería que vieras cómo fue dejando este mundo. Este juego del gato y el ratón termina acá.
–Ya es hora de que bajes ese escudo...
–Pero si me gusta charlar, ahora que ya no hay nadie en este lugar, la única fuente de conversación interesante está del otro lado. Así que... ¿Si llegaras a ganar esta pelea, cómo vas a escapar?
–Improvisaré, como siempre hago. Como hice para llegar, así es cómo haré para irme.
–El Núcleo fue construido para reducir el mundo a cenizas. Yo lo reconstruiría, obviamente, a mi imagen. Muera o no, ése es su objetivo principal. Lo seguirá hasta las últimas consecuencias... Y sólo yo puedo controlarlo.
–¿Esta es tu forma de rogar por tu vida?
–No estoy rogando, Husky. Hay dos formas de salir, la primera, inaccesible ahora, es el hangar donde el pobre Capitán Slutzky formó parte del testeo de armamento. La segunda está cruzando el corazón de la instalación, peligrosa, interesante diría. Te obligará a enfrentarte con el Núcleo, y su destrucción es necesaria para usar el control manual y abrir las puertas que llevan a la salida.
–¿Por qué me estás diciendo esto?
–Sólo estoy haciendo la apuesta más interesante. Sería una pena que ganes esta pelea y mueras por no conocer la salida.
Hubo un momento de silencio donde ambos se miraron fijamente. Era la calma antes de la tormenta. La batalla estaba a punto de empezar...

 Rojo rompió el silencio:
–¡Basta de charla! –dijo.
Tomó las pistolas y con la derecha le disparó a algo atrás suyo. Mientras los escudos se desactivaban, soltó una última frase antes de levantar vuelo:
–¡Es hora de jugar!

Las torretas se activaron, bloques y pedazos del techo empezaron a caerse y Husky tuvo que correr para salvarse. Todo el lugar estaba cayéndose. Rojo se había trasladado bien alto y estaba disparando. En un momento, un misil casi logra dar en el blanco, pero fue destruido por uno de los disparos.
Siguió escalando, ahora lejos del rango de los lanzamisiles, y subió a la plataforma superior, donde el Dr. lo estaba esperando. Esquivando las balas, corrió por la pared y saltó, llegando a una parte superior donde un misil rastreador lo había lockeado. Ahí se dio cuenta de la clave de la victoria, saltó hacia el vacío, se amortiguó con una pared y se ubicó atrás de Rojo antes de que se diera cuenta.
Dio una vuelta en el aire, y cuando tocó el suelo le pegó con tal fuerza que lo hizo volar. Husky lo observaba, de pie, con las manos en la cintura mientras el Dr. se levantaba y se daba vuelta alzando las pistolas para dar el golpe de gracia. Una explosión lo mandó a volar: el misil que había sido activado encontró un blanco, e hizo lo suyo.
Con el Jetpack destruido y tirado en el suelo sin mucha movilidad, Rojo vio acercarse a su enemigo:
–Espero que el test de eficacia te haya sido de utilidad.
El Dr. concluyó:
–Al parecer tus habilidades sobrepasan las mías, runner.
–No debiste subestimarme, Rojo.
–Nunca lo hice... Todo es parte del plan. Ahora el Núcleo conoce tus movimientos. Sí, estuvo observando toda la pelea. Conoce tus tiempos, tus posturas, la forma en cómo parecés volar por el aire, y lo puede repetir mil veces hasta encontrar tus puntos débiles.
–Si no esperabas ganar, ¿por qué..?
–Tenía un sueño, quería que el mundo fuera distinto, y quería ser yo el que le diera esa forma. Ahora no podré cumplirlo, y todo va a ser destruido...
Hubo un silencio donde ninguno habló. El Dr. parecía estar tomando conciencia de lo que iba a pasar.
–Y no habrá nadie para levantar los escombros. ¿Qué es lo que hice..? Husky, ahora está en tus manos. El Núcleo debe ser detenido...
–¿Ahora vas a ayudarme? No me esperaba que fueras bipolar.
 Rojo levantó una pistola y Husky se puso a cubierto. El Dr. disparó al techo varias veces, destrozando las cámaras de vigilancia.
–No quiero que escuche ni grabe esto... Yo no lo cree de la nada, sólo lo estudié y mejoré. Tuve en mente que pudiera volverse en mi contra, o que no pudiese controlarlo. Hay una serie de interruptores que hay que presionar para iniciar la autodestrucción del lugar.
–¿Autodestrucción?
–La única forma de que el mundo sobreviva es si esta instalación se viene abajo y con ella, el Núcleo. Es tu decisión...
El lugar empezó a temblar y varios pedazos de techo comenzaron a caer.
–No hay mucho tiempo, ya se dio cuenta. El primer interruptor está en el escritorio. Desactiva las cámaras y todo tipo de vigilancia. Lo dejará ciego y dependerá de sus máquinas para saber dónde estás. ¡Rápido!
Varios pedazos del techo empezaron a caer, mientras Husky corrió todo lo que pudo para llegar a él y presionarlo.
Rojo observaba desde el suelo. Su enemigo levantó la mirada y preguntó:
–¿Cuál es el siguiente paso?
El Dr. le lanzó las pistolas y respondió:
–Tu intuición te guiará en tu camino. Es hora de improvisar, a ver qué tan bien te sale. Buena suerte, runner...
Husky las tomó saltando y se alejó a la única salida que veía. Mientras tanto, el lugar se vino abajo.

Se hizo el silencio. Todo estaba a oscuras. Los escombros estaban por todos lados. Había varias pilas, y no parecía haber movimiento.
Entonces, una mano con una pistola se hizo camino en una de ellas. Su portador tenía una misión, detener al Núcleo antes de que causara más estragos. No conocía su poder del todo, pero ahora estaba armado y tenía la mente enfocada en su objetivo.
Sentía que ya no había desafío que no pudiera cumplir, y este desafío iba a necesitar de todas sus habilidades:
Husky tenía que salvar al mundo...