Monday, June 8, 2009

La aparición de la figura

Lentamente y con fuerza, abrí los párpados. Mi visión estaba borrosa. Era todo negro salvo una figura, iluminada por una luz de teatro. Ella me miraba y yo la veía. Mi cuerpo no se movía normalmente. Mi orden de avanzar no hacía efecto. Tras varios intentos, empezó a moverse hacia adelante, a caminar por su cuenta. Quería ver quién era, quién me miraba desde la luz, cuál era la razón de mi fascinación. Por cada paso que daba, el piso de madera crujía en aquel gigantesco piso blanco que hacía de escenario.

Cada vez costaba más tener los ojos abiertos, pero mi voluntad era de una fuerza tal que superaba todo en aquel momento. A medida que me acercaba, mi visión fue descendiendo gradualmente hasta el suelo debido a una fuerza desconocida. En el momento en que me sentí cerca de ella, tomé todas mis fuerzas para levantar la vista y observarla pero cuando logré posar mis ojos en la misteriosa figura, ésta seguía borrosa: estar ahí y a metros de distancia no hacía ninguna diferencia.

-¿Quien sos?

La luz se apagó. Todo quedó en tinieblas. Empecé a oír ruidos, huesos que crujían en una superficie de piedra. Quería ver que pasaba y me di cuenta que no necesitaba ninguna luz para ver en la oscuridad. En ese momento, mi espada elevó mi brazo hasta mi cabeza y cubrió un golpe descendente de un esqueleto, para luego hacer girar mi cuerpo y cortar en dos al agresor. Sin detener el movimiento, tras otro giro, bloqueé un segundo ataque de otro esqueleto y con la mano izquierda tomé su brazo para usarlo de escudo contra un tercer ataque. Dí otro giro y lancé al que había agarrado hacia un grupo de seis en forma de cuna, logrando un típico sonido de bowling al chocar y derribarlos a todos. Pero no servía de nada. Más y más de ellos se acercaban a mi. Demasiados para contenerlos.

Entonces vi la salida, una tenue línea blanca se dibujaba desde mi posición hasta un marco de puerta. Cuando lo atravesé, me acerqué corriendo hasta el final de la torre y salté. Mientras estaba cayendo, envainé mi espada, destructora de esqueletos. Extendí mis manos para volar, pero no parecía estar funcionando. Vi un resplandor de fuego en el horizonte del amanecer y un par de segundos más tarde, un ave vino a mi rescate. Pero no era cualquier ave: era un fénix. Mientras me llevaba hacia el otro horizonte, yo no podía hacer más que preguntarme quién era esa figura.

Sin tiempo que perder, le pedí que fuera más rápido. Tomé rienda del Fénix y pronto nos reunimos con el resto en el campo de batalla. Los dragones no nos esperaron y ya estaban combatiendo contra el ejército azul de aviones. Aceleré para tratar de alcanzar el centro de la batalla. Mis llamas se hicieron más rojas y se elevaron aún más. Cada llamarada que escapaba de mis alas formaba otra ave fénix, dispuesta a seguirme en el combate.

Embestimos a un grupo de aviones. Al igual que los dragones, escupimos fuego en nuestros enemigos, reduciéndolos a cenizas. Las alas se extendían lo máximo posible, dejando un rastro de fuego que superaba la longitud del cuerpo. Las llamas crepitaban. Un grupo de dragones se acercó a nosotros y nos entrelazamos para un ataque conjunto.

Cayó la noche y la batalla aún continuaba. Miré al cielo para ver las estrellas. No estaban como siempre: se agrupaban para cubrir el firmamento salvo una parte. Dejaban un espacio negro que me recordaba a una figura. La misma de antes. Me elevé, tratando de alcanzarla. Y las estrellas se apagaron. Cerré los ojos y recordé la misión.

Nos dirigimos en formación de flecha. Cada tanto los cruceros de atrás disparan sus lásers contra los enemigos. Ellos contraatacan de la misma forma. Un espectáculo de luces y el sonido de las explosiones, carga y disparo de armas ocurren por doquier. Miles de naves rojas acelerando para alcanzar el medio de la batalla, la tierra de nadie, el lugar de la acción. Miles de naves azules del otro lado haciendo lo mismo. Pero mi nave llegó antes que el resto. Estamos a la delantera.

De repente, se abren dos portales hiperespaciales a nuestros lados, con varios cruceros y cazas enemigos en el derecho y aliados en el izquierdo. Arriba de nosotros, la luna, cuyas defensas disparan sin piedad hacia abajo, donde un agujero negro se comenzó a formar como señal de la carga de un cañón de singularidad de la nave comandante enemiga.

Los cruceros recién llegados se entrelazan y atacan entre sí, dejando un hueco por donde la luna sigue atacando sin ceder. La formación se rompe. Cada una de las naves rojas, incluida la mía continúa su avance hacia el comandante azul. Los cazas enemigos aparecen y entablamos combate. Ráfagas rojas salen de mi nave hacia las amenazas. Un crucero estalla, luego otro, luego otro. Ambos bandos tienen sus pérdidas. Mi nave avanza, esquivando todo fuego amigo o enemigo, buscando la presa: la nave azul y su cañón de singularidad.

Puedo apreciar la inmensidad del objetivo. Mi nave esta lista para atacar. En ese momento, ocurre un destello y el agujero negro toma aceleración en dirección a la luna, dejando un rastro de luz plateada. Mi nave se ve atraída por el agujero. Veo un rastro manchado con una figura negra. Una figura conocida. Es ella.

-¿Quién sos?
-Ya no soy.

Pasó un momento y traspasé el horizonte de sucesos del agujero negro. Entonces, por una fracción de segundo, lo comprendí todo.


El sonido del despertador retumbó en mi mente. Una vez. Otra vez. Otra vez... Con un golpe apagué aquel patrón de sonidos que devuelven a uno al mundo real. Mi primera pregunta fue: ¿todo eso fue un sueño? Y la segunda, más importante todavía: ¿qué fue lo que entendí en ese último instante? Dragones, naves, esqueletos, ¿qué fue todo eso? La figura borrosa... ¿Qué significa?

Sunday, June 7, 2009

Más allá de rutina

Tengo ganas de escribir algo, pero no se qué. Mientras tanto, esta es una entrada del blog que quedó en borrador desde el año pasado...

El despertador que suena a las 8:45. El mismo pitido, una y otra vez, a una frecuencia fija. Pero ya me acostumbré y mi subconsciente aprendió a levantarse, caminar el largo del pasillo, apagarlo, servirme el mate cocido y volver a la cama unos minutos más, hasta que despertara.
El sueño que tuve permanece latente. Como un fantasma, yo permanecía entre él y la realidad. Me despierto con la última palabra, pronunciada antes de ceder mi fuerza de voluntad al ciclo de la noche. Recuerdo la última frase: "cuando despierte voy a acordarme de mis sueños". Quiero experimentar el sueño lúcido, infringírmelo por voluntad propia, tener uno cada noche -y por qué no, más-.
Pocas veces pude disfrutar el volar por el cielo, como los fantasmas de Casper, los magos montados en las escobas en el mundo de Harry Potter, como los personajes de Dragon Ball. Sentir que puedo cambiar esa sensación de realidad que tengo al soñar, dejar estallar las emociones; sentirme libre, capaz de armar el mundo como yo lo quiero, quizás volar por los cielos rodeado de un aura dorada, cambiar el color de mis ojos, al verde de la naturaleza, al azul del mar, al amarillo del sol... Todo con el poder del pensamiento.

Ya son las 9:00. Tan rápido pasa el tiempo. Busco la ropa que dejé preparada la noche anterior. Entro al baño, me cambio, me miro al espejo. Suelto una sonrisa, hago un gesto rápido con la mano derecha cerrada en un puño, acercándola a mi mientras desciende un poco y gira otro poco. No, mis ojos siguen siendo marrones -otro día será-, pero a veces tengo la sensación de que veo otros colores.
Mi hermana, Vale, ya se habría retirado. Abro la puerta, y lavándome los dientes armo la cama -soy multitasking, sí-. Voy a prender la pc, para vagar un poco por la internet, visitar la página de Irrompibles, quizás reirme un rato con el thread de los Motivationals. Termino de lavarme, me pongo las zapatillas. Algunos días Luqui se asoma desde la habitación de Vale, yo lo saludo, el mueve la colita, tan feliz como es siempre y vuelve a su lugar de descanso -cualquier cama le viene bien-.
Le pongo azúcar al mate cocido... Me lo llevo a la mesa de la pc. El fondo de escritorio, una foto que saqué en bariloche el 2do día de nieve, mientras descendíamos por la aerosilla -más extremo, imposible-. Cuando aprenda a dibujar dragones bien -y un fénix, además- me haré otro fondo usando la magia del Photoshop, pero falta por ahora para eso.
Termino de tomar, apago la pc. Llega la típica frase de los adultos, que no hablan de salir a divertirse, sino más bien de cumplir con sus ataduras, sus responsabilidades: tengo que ir a trabajar. Ahora bien, no escapa a cualquier espectador sagaz -y cuando digo espectador, no confundir con encendedor... aunque este último también a veces es a gas-. Decía, a cualquier espectador sagaz no debe escapársele -bueno, si es a gas tampoco debe escapársele- que no suelo tener mucho para hacer en el trabajo últimamente -sinceramente, estos últimos meses-, por lo que varias veces estoy disponible para charlas y delirios en el msn.
Antes de salir, saludo al animalito, que en el invierno se acurruca entre las mantas y tengo que excarvar como los arqueólogos para poder verle la carita de enmascarado simpático que tiene y decirle un simple "chau".

Para mí, el día acababa de empezar. Sé que varias personas suelen creer en la rutina diaria. Yo supongo que esto es porque abstraen demasiado y se pierden los pequeños detalles. Al salir, miro al cielo -desde que volví de bariloche que lo hago-. Día nublado, con sol, calmo, lluvioso, húmedo. Siento la atmósfera que me rodea: cálida, natural, fría. Cruzo la calle, mirando los autos, siguiendo con el oído sus movimientos. Aprovechando la vista periférica me puedo dar el lujo de mirar al cielo a veces. Generalmente miro al frente, con eso veo el suelo y bastante a mi izquierda y derecha. Noto que la gran mayoría de la gente camina con la cabeza baja, o la bajan cuando paso al lado, o simplemente apartan la mirada.
Advierto que de este punto en adelante, la cosa se va a tornar un poquitín más rara de lo normal. Siempre fui bastante imaginativo. Donde fuera que haya monotonía o seriedad, siempre imaginaba algo que cambiaba completamente la imagen. Caminar por la calle podría ser aburrido, así que suelo cerrar los ojos, o decido confiar más en el sonido, o en la sensación del tacto. Atravieso los obstáculos, tratando de mantener el ritmo, paso por la gente como si fueran postes con los que tengo que hacer algún tipo de movimiento. Generalmente uso la mochila como contrapeso, pierdo el equilibrio controladamente y nunca aparto mis ojos del frente.
Llego al subte. Recordando ese animé, Digimon Tamers -que muy pocos seguramente vieron-, saco el subtepass y lo paso, dibujándose en mi mente las palabras cuando los entrenadores pasaban sus cartas por el digivice -¡Digimodify! Ahora bien, nada dependía de mí. Yo sólo me dirigía al final del andén, donde sabía que me iba a dejar cerca de la salida. A esa hora, los trenes vienen llenos. Si tuviese que ponerlo en estadísticas, diría que quince de cada diez personas deciden ir en el mismo vagón.
A veces dejo pasar uno, dos, tres... seis. Hasta que llega uno en el que puedo subirme. El viaje podría parecer aburrido, pero en él trato de recordar los sueños, de pensar en las cosas que tengo que hacer, o en la reacción de los demás que experimenté días atrás. Como siempre, trato de sacar lo mejor de cada situación.

Llega el tren a Plaza de Mayo. Bajo, subo la escalera sin problemas, de a dos escalones -estoy acostumbrado: subo y bajo tres pisos para llegar a mi casa o salir de ella- a menos que haya alguien adelante mío muy lento -suele suceder-.
Salgo, miro al cielo. Siento el viento, veo el verde de la plaza. La política que tanto detesto colgando de los postes de luz, de los hilos que decoran el lugar, de los anuncios que hay por doquier. Doblo a la izquerda; sigo mi camino, cruzo la calle, esquivo a la gente, me pongo del lado izquierdo, en el cordón de la calle -haciendo que estoy en una cuerda floja-. Avanzo rápido, a veces salto a la vereda, a la calle, de la calle a la vereda y viceversa, todo sea para divertirme. Cruzo otra vez, doblo a la derecha, camino un poco más, paso al lado de un restaurante, giro a la izquierda. Saludo al portero, entro, tomo el ascensor. Si hay mucha gente, subo los cinco pisos por la escalera, de a dos o tres escalones, a veces corriendo y sin hacer ruido.
Llego al quinto piso. Paso la mochila por la cerradura automática y se abre la puerta. Entro, saludo a todos, uno a uno. Me siento en mi silla, prendo la pc, inicio sesión y me pongo a ver qué puedo hacer. Hoy martes, por ejemplo. Vagué un poco por la internet, me puse a jugar a los jueguitos del facebook, desayuné y me quedé viendo Beta X -cuya letra de opening se ganó unos buenos días en mi subnick de msn-. Siempre dispuesto a hablar, Emiliano me pidió ayuda con un tp de programación y Gaz me dijo que necesitaba que le llevara la carpeta y unas fotocopias de una materia de la que teníamos una prueba el día siguiente -debería estudiar, pero esto del blog me está entreteniendo bastante-.

Llegan las tres de la tarde y yo me retiro, a veces saludando a todos como Dewey Finn pretendiendo ser Ned Schneebly -o como sea que se escriba-, yendo de suplente a una escuela y que a la hora de irse festejaba y chocaba los cinco con varios de sus alumnos. Otras veces el saludo es más rutinario, quizás porque no tenía muchas ganas de improvisar nada.
Al salir veo la luz del sol, mucho más fuerte que a la mañana. Tomo el subte, bajo en Loria, hago el camino contrario. Llego a mi casa, subo las escaleras. Dejo la llave


La verdad es que cuando me puse a escribir todo esto pensaba más en otro tipo de texto. Algo al estilo "Es rutinario ir al colegio todos los días, pero si uno se pone a pensar, saluda a sus amigos en distinto orden, con otras palabras. Hablan de distintos temas cada día. Se ríen de cosas diferentes a las de ayer". "Es rutinario también quedarse a la noche conversando, pero cada charla es distinta de las anteriores. Un día uno puede hablar del LHC y al siguiente pasar screenshots de cómo pasó Sweet Child O' Mine en Expert con 650 notas seguidas sin un error -como suele pasarme, jeje-"

Tuesday, February 24, 2009

Una situación indeseable

¿Cuál es el sentido? ¿Por qué tenemos que despertarnos? ¿Qué es tan importante que nos hace levantarnos? No es idea nuestra, no es de nadie. Es una rutina. Alguien una vez se despertó y creyó necesario seguir haciéndolo cada día. ¿Pero por qué? ¿Qué es lo que custodiamos que es tan importante como para que nos necesite? ¿Qué es lo que se espera que hagamos cada día? Todos son iguales, me levanto, desayuno, entreno, almuerzo, entreno, ceno y me voy a dormir. No veo nada de importante en eso como para levantarse y seguir con la rutina. 

¿Contra qué nos estamos preparamos? ¿Por qué es necesario hacer todo esto? El mundo finalmente está en paz, tras siglos de guerras internas. ¿Cómo se deja atrás una vida así? ¿Acaso desde que tocamos las estrellas todo eso quedó atrás? Nuestras diferencias fueron aplastadas por un objetivo común, de explorar, o eso parece. Pero no creo que esté bien olvidar nuestro pasado. Al fin y al cabo es el que nos convirtió en lo que hoy somos. Si ya no hay guerras, si no hay nadie allá afuera, en el frío espacio, ¿por qué nos levantamos? ¿Contra quién nos están preparando? Hay más en todo esto de lo que aparenta haber. Uno no perdona una ofensa como la guerra, que destruye la naturaleza, familias y personas. Uno no se olvida de ello y se alía con su peor enemigo. No me fío de que lo hayan olvidado. Yo no lo olvido... No lo olvido.

-¡Sylix! ¡Arriba! Tenemos que irnos.
Estaba acostado, tratando de dormir cuando mi compañero parecía haberse acercarcado a mi cama para tocar un botón. Una ráfaga de electricidad recorrió mi cuerpo y me hizo pasar de estar acostado a estar sentado y con los ojos bien abiertos.
-Todavía no me acostumbro a ese despertador. -dije, mirando cómo se terminaba de poner el traje reglamentario.
-Dale tiempo -respondió Félix, mirándose en el espejo mientras su uniforme se ajustaba solo-, tarde o temprano lo vas a hacer. De todas formas, no es hora de hablar. -se dio vuelta, caminó hacia su cama y se sentó- Deberías prepararte.
-Estoy... ordenando algunos pensamientos... -dije, para luego levantarme y buscar mi uniforme- Apenas llevo un mes... Extraño el sonido del despertador.
-Te acostumbrarás. Hoy presiento que va a ser un día diferente.
-Eso es lo que escucho todos los días.

Yo ya estaba listo. Félix se paró y ambos abandonamos la habitación. Mi compañero continuó:
-¿Si no tomás cada día como único en qué lo diferencia del resto?
-En nada.
-Ese es mi punto.
-¿Y por qué querrías que cada día fuera único? ¿No tenés miedo de que se cumpla?

Nos subimos al transportador. Nos encontramos con Ryan y Ulises y nos ubicamos en el asiento delante de ellos.
-¡Félix, Sylix! -saludó Ulises- Todavía estoy atónito porque sus nombres terminen igual.
-¿No es Ulises el nombre de un personaje de ficción? -preguntó Félix.
-En realidad, antes de la comunicación virtual existía algo llamado libro...
-Si nos vas a hacer dormir con tus lecciones de historia, no me hubieses despertado. -bromeó Ryan.
Los cuatro rieron y continuaron intercambiando palabras hasta que el transportador llegó a destino. 

El centro aéreo estaba igual que siempre: lleno de gente. Desde que pisamos otros planetas y visitamos otras estrellas, muchos soñadores eligieron enlistarse en la fuerza espacial exploradora. Todos los días, nos entrenaban en el uso avanzado de la nave que elegimos y el básico de las otras naves. Yo, al igual que Félix, elegí el cazador ligero, el más rápido en combate espacial y el más maniobrable en combate atmosférico. Ryan y Ulises, por otro lado, preferían especializarse en las naves de batalla. Enormes como nada que haya visto, pero incapaces de borrar del mapa a las naves pequeñas debido al tiempo de carga y lentitud de sus armas. Por otro lado, son indispensables al momento de una expedición ya que pueden llevar el equivalente de una ciudad. Naves de batalla sólo teníamos tres, de las cuales sólo me acuerdo el nombre de la de nuestros amigos, la Eclipse.

Bajamos del transporte, nos despedimos de Ryan y Ulises y nos dirigimos hacia nuestro hangar asignado. Todos ya estaban ahí. El capitán, un hombre carismático que siempre llevaba los lentes de sol puestos estaba esperándonos. Los levantó con la mano izquierda para observarnos con sus propios ojos: mala señal.
-Félix, Sylix... Llegan tarde.
-¿No faltan cinco minutos...? -dije y luego me di cuenta de a quién le hablaba- ¡Señor!
Él bajó la mano izquierda y continuó mirándonos por los oscuros lentes de sol: buena señal.
-Tranquilos. Sólo estaba tratando de asustarlos. Siéntense y empecemos esta charla.

Tomamos asiento. Para mi sorpresa, había dos caras nuevas. Sin perder el tiempo, el capitán presentó a los reclutas y pasó a explicar el entrenamiento:
-Félix, Sylix. Hoy quiero que hagan algo diferente. A partir de este día, dejarán atrás los simuladores y empezarán a volar una nave de verdad.
De no ser porque fuera el capitán el que nos dió las noticias, habría saltado de mi silla por la felicidad.
-¿No tienen nada para decir? Yo habría saltado de mi silla por la felicidad.
Qué ironía. Félix y yo agradecimos el ascenso. La fuerza espacial exploradora no es el campamento militar al que tanto temía. El capitán, al menos, se encargaba de ello. Era mas bien como una familia.

A continuación, detalló la misión que debían cumplir los dos nuevos, junto con los que aún seguían con el simulador. Respondió algunas preguntas y luego pidió que se retiraran. Era la primera vez que me quedaba a escuchar la lección entera. Cuando se fueron, su postura cambió de la de un militar a una persona normal, apoyándose en la pared en vez de quedarse parado.
-Muy bien. Hoy vamos a patrullar una sección desértica. Los primeros seis que lleguen van a estar en el equipo A y los otros seis en el equipo B. Las naves, para nuestros dos nuevos integrantes, están equipadas con armamento nulo, y todas están especialmente enlazadas para este ejercicio. Vamos a simular una situación de combate, no a experimentar una de verdad. Cada integrante del equipo que quede en pie puede elegir retarme a un duelo y si me gana, quedará graduado de la academia.
El capitán sacó un cigarrilo y lo prendió. Luego, se puso de pie y concluyó:
-¿Alguna pregunta?

Estaba piloteando mi primera nave de verdad cuando Félix me contactó.
-¡Sylix, estamos volando una nave de verdad!
-Sí, creo que por más que creí que pasaría toda mi vida en el simulador, en el fondo sabía que algún día lo íbamos a hacer.
-¡Mirá esto!

La nave de Félix empezó a hacer piruetas al azar, girando sobre sí mismo, levantando altura y cayendo con un giro. El capitán se comunicó por canal público:
-Félix, entiendo que estés emocionado. Deberías controlarte un poco y dejar las piruetas para el combate.
A pesar de ser el oficial al mando, el capitán no parecía estar regañándolo como uno podría haber pensado. Más bien, hablaba como si fuera el padre.
-Sí, señor. Lo lamento. -Dijo Félix y volvió a la formación.

Siendo el primer día, no tenía pensado llegar dentro de los primeros seis, así que no lo intenté. Félix, por otro lado, dio lo mejor de sí, aunque no bastó.
-Muy bien, equipo A tomen posición en el campamento que está a unos kilómetros de este punto. Equipo B, esperen la orden para iniciar el combate. Cuando estén lo suficientemente dañados y la computadora determine que están muertos, la nave caerá al suelo. No teman, resistirá la caída. No esperamos menos de ustedes.

Palabras de aliento no le faltaban... Su trato con nosotros siempre era bastante informal, lo que lo hacía una persona muy respetada y de vez en cuando sacaba algunas sonrisas. Félix estaba al final de la formación, a mi derecha, y yo en el otro extremo. El capitán se elevó en el aire hasta desaparecer de nuestra vista, cosa de no interferir en el combate. Cada integrante del equipo B se presentó y elegimos a un líder. Él estableció la formación y las tácticas de combate. Una vez que terminó de hablar, nos quedamos esperando la orden... Pero la orden no llegaba.
Félix contactó conmigo:
-¿Qué estará pasando?
-A lo mejor quiere dar algo de suspenso.

Luego de algunos minutos, el líder de la formación se contactó por canal público.
-¿Capitán? ¿Está bien, señor?
Pasaron algunos segundos más, y el líder del equipo A se contactó también, sin respuesta.
-Esto ya me está preocupando -dije-. No creo que esté bien que se tome tanto tiempo, no me parece propio del capitán... Es como si...
El sonido de una explosion obtuvo toda mi atención, y la de los demás. Luego de algunos segundos de silencio, hubo sonido de disparos y un objeto que cayó del cielo. No era la nave del capitán y no se parecía a ninguna otra cosa que haya visto antes. El líder del equipo B abandonó la formación y se dirigió al objeto misterioso, con nosotros atrás de él.

Las preguntas e inquietudes de todos sonaban por el canal público y no pararon cuando la nave impactó con el desértico suelo, levantando la arena y casi cubriéndolo del todo. Para nuestra sorpresa, el capitán descendió con su caza a pocos metros de distancia. Todos hicimos lo mismo.
-Se cancela el combate. Todos los pilotos, vuelvan al punto de encuentro. -ordenó y luego bajó de su nave.

La puerta del objeto misterioso se abrió, añadiéndose a nuestra lista de sorpresas del día, pero no a la de nuestro oficial al mando. Una criatura extraña salió de ella. Por sus torpes movimientos, parecía estar muy lastimada. Se tiró en la arena y permaneció así mientras la rodeábamos. No sabría cómo describirla, era... era... 

-No creo que "eso" sea de nuestro planeta.
La criatura rió.
-¡Esa cosa rie! -exclamó la voz del líder del equipo B.
-Su mundo está perdido.
-¡Y habla! -dijo Félix.
-Soy el mensajero de su perdición. Su raza nos ha ofendido por última vez. Ahora, reclamaremos el respeto que merecemos de las cenizas de su mundo.

Se hizo un corto silencio, y el líder del equipo B habló nuevamente:
-¿Ofendido? No entiendo nada, pero quizás te convendría saber que no es bueno amenazarnos.
El piloto río nuevamente.
-Somos inmortales. Somos miles. Las luces del cielo se apagarán ante nuestra llegada. El fuego de nuestras armas brillará más que las estrellas. La tierra se aplastará con cada golpe. Los vientos soplarán los gritos de sus muertos. Cuando los Ashda Os Dum declaran un enemigo, su destrucción es inevitable. Abandonen toda esperanza de sobrevivir y tomen la fría mano de la m...

Hubo dos disparos. Los soldados se apartaron y el capitán avanzó hacia el cuerpo, sosteniendo una pistola. Tenía puestos los lentes de sol, marca de su personalidad pero no estaba fumando nada. Los levantó unos segundos con la mano izquierda para ver al enemigo con sus propios ojos -mala señal- y luego disparó nuevamente. Enfudó el arma y a continuación tomó un objeto pequeño del piloto y lo lanzó lo más lejos que pudo. Bajó la cabeza, mirando el cuerpo de su enemigo... Transcurrieron algunos segundos antes de que levantara la cabeza y un rayo de luz pasara iluminando de un extremo al otro de sus lentes, para luego decir:
-La conversación me estaba aburriendo.

Algunos quedaron asombrados por la forma en que había cambiado la situación. Otros por las palabras del oficial al mando. Alguien se atrevió a comentar:
-Señor, podríamos haberlo tomado como prisionero.
El capitán lo miró un momento y luego respondió, seriamente:
-Vuelvan al cuartel y no hablen de esto con nadie, ¿esta claro?
-Sí, ¡señor! -exclamamos todos los presentes.

Sacó un cigarrillo de su bolsilló y lo prendió, mientras el resto de nosotros nos dirigíamos a nuestras respectivas naves.
-¿Contra qué nos estamos enfrentando? -preguntó Félix.
-No tengo idea. Pero yo tenía razón en una cosa... Todo este tiempo nos estuvieron ocultando la verdad.
Miré atrás y el capitán ya no estaba, al igual que el cuerpo. Detuve mi marcha y me puse a buscarlos con la mirada.
-¿Adónde se fue el...?

Hubo una explosión y la onda de choque recorrió algo así como 200m, empujándome a mi y al resto, y tirándonos al suelo.
-¿Eso fue una granada? -dije, mientras me levantaba.
-Seguramente es lo que tiró el capitán.
Esa fue una explosión mucho más poderosa que cualquiera que haya visto antes. ¿Quienes serán estos monstruos?
-Al menos ahora, cada día a partir de hoy será único. -comenté a modo de broma a Félix.
-Sí... Y probablemente el último.

Thursday, January 29, 2009

Cosas que me gustaría aprender

Bueno, ya va siendo hora de postear algo nuevo en este blog... Últimamente estuve muy metido con el jueguito 3D que estamos haciendo con Ariel, al cual llamamos Netwars -aunque a él no le gusta el nombre y lo quiere cambiar- (interesados -o sea, ninguno :p- pueden ver más info en netwarsgame.blogspot.com).

Podría hacer una lista, sí, pero sería algo muy aburrido. Voy hacerlo en forma de relato, como por ejemplo contando la historia de un lisiado que viajaba en un avión; éste terminó estrellándose en una estrella de la muerte y, recuperado el conocimiento, pudo caminar cuando antes no podía -:s hay algo que no me cierra-. Otra sería, por ejemplo, volviendo al pasado, relatando las aventuras de un grupo que utiliza artes de combate diversas y busca salvar su tierra, tirando un anillo en un volcán, escondido en las profundidades del país malvado, gobernado por un sistema de seguridad -hmm... algo está mal ahí-. Una tercera manera incluiría llevar la imaginación al espacio, donde se librarían batallas interplanetarias, en busca de someter al imperio del malvado Sauron, que quiere dominar la galaxia -:|-.

Una lista, decíamos. El orden no es por nada en particular, voy nombrando a medida que me acuerdo:

    Parkour: para desplazarse fluidamente, atravezando obstáculos y poder llegar a donde quiera. Un video para mostrar de qué se trata: http://www.youtube.com/watch?v=x98jCBnWO8w
    Dibujar dragones y escenas épicas: me encantan los dragones, además de muchas otras criaturas míticas, como el fénix.
    Esgrima: combatir rápido -casi diría tipo jedi- con una espada o similares.
    Kung fu: estoy yendo a clases; es bastante divertido y me hace sentir mejor cuando salgo.
    Modelaje: aprender a pasar de los dibujos de cuaderno a un modelo 3D en la pc.
    Animación: poder hacer que los modelos de arriba hagan algo :p
    Arco y flecha: sólo porque me parece divertido... Quizás el RO y la última serie de Robin Hood tengan algo que ver.
    Música: poder hacer música de cero. No me refería a aprender a tocar un instrumento en particular, aunque si tengo que nombrar usaría el piano o la guitarra.

Seguramente me esté olvidando de varias cosas. En fin, queda como recordatorio para dentro de algunos meses o años.

Wednesday, January 21, 2009

El cantinero y el elixir

         El cantinero lava los vasos. Él sabe muy bien cuál es su deber. Sirve a la gente cada día. Siempre que uno se acerca y pide "¡Cantinero! ¡Deme un trago de whisky!", el hombre recibe lo que busca. Ése es su trabajo.
         -¡Me estás haciendo trampa!
         Ocurre el sonido de una mesa volteándose y cayendo al suelo, con los vasos que él sirvió a cuatro hombres hechos añicos, sin olvidar el martilleo de un revólver y la imagen de cartas flotando como hojas en el aire.
         -¡No soy ningún tonto! ¡No podés tener póker de cuatro ases! ¡Yo también lo tengo!
         La última carta toca el suelo. El reflejo de los pedazos de vidrio permite ver a algunos con la cabeza baja la cara del caballero enojado. Esos conflictos sólo traen problemas. Nunca es bueno para el negocio. El cantinero lo sabe, y está preparado para ponerle un fin a este tipo de situaciones.
         -Señor, ¡se calma o lo calmo!
         Una escopeta recortada, regalo de un siciliano, cargada y lista para la ejecución es claramente visible en las manos del dueño del bar. Tiene la mitad de largo de una escopeta normal, y logra más estragos. Es más imprecisa y mata a más de los que debe, pero todos comprenden rápidamente el mensaje, en especial el involucrado. Él guarda su arma, y levanta la mesa del suelo.
         -Largáte de mi bar, y no te atrevas a volver con ese humor.
         El hombre se acerca a donde está el cantinero y tira al aire un par de monedas de oro. Una de ellas cae en un vaso sin mucho hacer ruido.
         -Siento los problemas, Bernardo.
         Acto seguido, sale del bar.

         El cantinero se prepara una bebida. Mezcla varias cosas y se sirve en un vaso el resultado. El resto lo guarda abajo del mostrador. Él sabe que le va a servir. Es la bebida especial del bar, la que la mayoría busca. Tiene un sabor muy peculiar, pero lo que más atrae a la gente es la sensación que genera. Muchos creen que es el elixir de la vida, y muchos más intentan día a día descubrir su receta. A eso vine yo. Estoy acá para encontrar la respuesta a muchas dudas, para saciar la curiosidad humana.
         -Cantinero, ¡un elixir!
         Ante el pedido, el dueño del bar busca un vaso y lo llena con la mezcla que acaba de realizar. Luego de eso, lo lanza por el mostrador hasta donde está el nuevo cliente: un lanzamiento perfecto.
         Se abren las puertas del lugar, y entra un hombre bien vestido. Se acerca al mostrador, saluda al cantinero y entra por una puerta atrás de él. Luego de un par de minutos vuelve a aparecer a la vista de todos. Se acerca a un rincón al lado de un mueble negro. Usa una llave para abrir un cajón y comienza a tocar el mueble, que casi nadie tarda en descubrir que es en realidad un piano.
         Hace cinco días que observo el bar, el mostrador, el cantinero y, en especial, las botellas que utiliza para hacer su famoso elixir. Pero hasta el momento no descubro ninguna pista. Trato de ser lo más cerrado posible, lo menos importante, el más callado, el que menos llama la atención.

         El cantinero mira fijamente una ventana de su bar. Por algún extraño motivo, sale del mostrador y se acerca a la puerta. Esta tan bien vestido como el pianista. Tiene un pantalón negro y una especie de traje de cocinero blanco impecable y lleno de detalles lujosos. Hace recordar a los vestidos que usa la Guardia Real de alguna monarquía. Abre la puerta de un golpe como si sus cincuenta años fueran los de un joven de veinte, como si la edad no le pesara tanto como lo haría.
         -¡Francisco! ¡Delia! ¡Bienvenidos! Acérquense, sientense en esta mesa para tres.
         -¡Qué te dije, Delia! Si se habla en el pueblo de buena hospitalidad, es porque Bernardo tiene abierto su bar.  Ja ja ja -ríe Francisco, el nuevo Sheriff del pueblo, sentándose. -Vuelvo de una intensa persecución cerca del desierto, pienso en pasar por acá y me encuentro con la señorita en el camino.
         -¡Una mera casualidad! Agradecida por el paseo, Francisco. -sonríe ella, tomando asiento.
         -Hay mucho para hablar, estoy seguro. -Dice el cantinero, sirviendo dos vasos de su bebida especial, para luego acercarse y dejarles el suyo a cada uno, agarrar el propio, que no tomó desde que se sirvió, y sentarse -Acá tenés, Francisco, o debería decir Sheriff García, para que no decaiga ese sentimiento de cumplir con el deber. Delia, para que esa belleza juvenil no se borre de tu sonrisa. Y a mi, ¡para que no me muera siendo tan joven! Ja ja. ¡Brindo a su salud, amigos!
         -Bernardo tenés una moneda en tu vaso. -le comenta la señorita.
         -Tenés razón, Delia, gracias. -responde él, sacando la moneda con la mano, y dejándola en la mesa. Contempla su vaso un momento, y luego bebe.
         Miro mi bebida, la que todavía no probé. Viéndose como el agua clara de las montañas, el elixir fácilmente puede confundirse con ésta, aunque tiene un olor peculiar que lo diferencia. Manzana creo, o naranja, no estoy seguro, pero es de alguna fruta seguramente. Para muchos, yo incluído, lo importante no es el olor en sí, sino lo que éste causa en la gente. Cuando uno huele el elixir, si cierra los ojos, puede ver un sueño, puede lograr concentrarse en él y puede llegar a descubrir la manera de hacerlo realidad. Pero el verdadero poder del brabaje está en beberlo.
         Vuelvo a mirar el vaso, y observo de reojo a los tres brindando. Decido que es momento de probarlo de una vez por todas.

         El cantinero sabe quién soy, sabe a qué vengo, puede sentirse claramente. Está en su mirada y en su forma de mover los ojos, en las palabras que pronuncia y las que piensa y no dice, en el simple y confiado movimiento de dejar la bebida en la mesa, en su manera de caminar. Todo habla mucho de él. Intento concentrarme en el sueño. Necesito ayuda, sólo tengo que encontrar la solución. Puedo oler el elixir, puedo pensar en ese sueño, puedo concentrarme en él. ¡Pero no veo la respuesta! Contestame, respondeme, ¡exclamame, gritame!.. Decime, ¿qué hace el elixir? ¿Cómo se prepara?
         Tomo un trago... Siento frío. Largo el aire por la boca. Sale una especie de vapor. Para hallar la receta tengo que hacerme amigo del tal Bernardo, pero no puedo acercarme así como así, no sería prudente, ¿qué puedo llegar decir?
         Tomo otro trago... Es invierno para mi otra vez. Suelto el aire en mi interior. Otra vez vapor. Voy a acercarme a la mesa. Conozco al Sheriff, él puede ayudarme pero, ¿cómo se lo puedo pedir?
         Tomo un tercer trago... ¡Está helado! Comienzo a toser. Me recuerdo a una locomotora largando aire. El Sheriff puede presentarme al cantinero, eso no debe ser un problema. Eso sí, tengo que hacerme amigo del tal Bernardo, sólo así puedo... Vuelvo a toser. Sólo así puedo...

         Ocurre un sonido sordo, como de un cuerpo cayéndose al suelo de madera. Lo escucho, todos lo escuchan. Diversas voces repiten las mismas palabras: "¿Qué pasó? ¿Está bien? ¡Sabía que iba a llegar el día! No se ve bien. ¿Quién sería capaz?".

         El cantinero yace en el suelo de su bar.
         -¡Su corazón ya no late!
         Ante aquella frase, Delia ahoga un grito y Francisco anota los nombres de todos los presentes en una lista.
         -¡Él sostiene un vaso!
         -¿Es eso un elixir?
         -No, un elixir tiene el color del agua de la montaña. Éste tiene un tono marrón.
         -Veneno.
         -¡Envenenado!
         -¿Por quién?
         -No es veneno, ¡es óxido! -digo yo.
         -¿Óxido?
         -Probablemente salió al mezclar la moneda con el líquido. -señala el Sheriff.
         -¿Ahora qué?
         -¡No hay más elixir!
         -¿Que será del mundo ahora?
         Delia llora, y susurra:
         -Pobre Bernardo...

         El cantinero se lleva a su tumba su ansiado secreto. Él tenía la receta del único brebaje capaz de hacer sentir bien a la gente. No te llena el estómago, sino que te otorga la motivación y la confianza para hacer lo que sea. El elixir, el agua para el alma, seguirá siendo un misterio que la gente tratará de develar. Ahora que lo pienso, lo que hacía este brebaje, lo puedo hacer yo. Sólo tengo tener motivación, fe y confianza, la movitación para correr tras un sueño, la fe para creer que puede lograrse, y la confianza para hacerlo realidad.