Monday, August 25, 2008

Mi primer viaje

Y así nomás, me volvieron las ganas de escribir algo. Va a ser algo complicado con este teclado, pero suerte que me acordé de todos los alt+numerito de las vocales... A ver, prueba: alt+160 = á? Sí, bien. La ene con el rulito arriba? 164 = ñ? sí, vamos bien. Igual, a este paso van a ser las tres de la mañana para cuando termine de escribir todo lo que quiero decir.

Cambio de layout a ver qué tal... A ver.. ahi esta mejor àèìòùñ, listo, me acuerdo de todo, aunque me trabo un poco. Veremos que sale...

Tenìa pensado escribir sobre mi primer viaje, aquel en el que fui con mi hermano Fernando, su novia Sabrina (ahora casados y felices, con dos gatos, una tìmida negrita Agatha y un curioso siamès Ulises y un pequeño perrito al que llamaron Niceto -tengo que decir que me gustaba màs Kenai-) y el hermanito de ella, Estefano, pero por alguna razòn no lo hice. Creo que todo empezó el sábado 17 de junio del 2006.

Voy a dedicarle estos pàrrafos entonces. Ir a mendoza, a 3000m de altura, teniendo que tomar litros y litros de agua para aclimatarse y no sufrir de fiebre y otras cosas màs agradables, teniendo el problema que tengo de la nariz que algunas veces me sangra por nada, podrìa haber hecho que el viaje fuese una pesadilla. Por algo estoy diciendo eso, y es que no lo fue para nada...

Comprendì la naturaleza, la belleza oculta que a mi hermano le hacìan brillar los ojos al preparar el siguiente viaje. Me sentì en armonìa con todas las cosas, rodeado de nieve, nubes, montañas, cerros, y todas esas cosas que uno estudia en geografìa pero que nunca comprende hasta que està ahì. Es cierto, hay gente a la que no le basta el estar ahì para entenderlo, pero para colmo yo tuve el placer de estar con esas tres maravillosas personas con las que nos cuidàbamos, comìamos y dormìamos juntos (en camas separadas pero en el mismo dormitorio). No habìa electricidad para tele o compu, pero no importaba, porque ese no era el motivo por el que estàbamos ahì.

Habìamos ido para tratar de subir (caminando por lo menos) algunos metros mas por sobre el nivel del mar, no desafiando por ello a la naturaleza, sino yendo de su mano. Caminando por donde con una mala pisada se podìa disfrutar de 80m de piedras hasta un pequeño rìo. Sentìamos el viento cuando volvìamos en un terreno en pendiente, màs grande, màs seguro, yendo para la cabaña (donde habìamos juntado madera para prender la chimenea). Una noche, el Sonda golpeò fuerte y nos hace caer al suelo, agarràndonos de lo que podìamos. Calmaba y avanzàbamos un poco màs, y luego volvìa.

Asì, nos quedamos sin luz esa noche, y yo tenìa miedo, nunca me gustò la oscuridad. Fer me dijo, con toda razòn: "estàs en el lugar màs seguro del mundo". Y yo tardè en darme cuenta del significado de esas palabras. En la montaña no hay gente mala, son todos aventureros, que comprenden y respetan a la naturaleza o, en caso contrario, por creerse que son màs que ella, caen ante sus azotes. El viento soplaba fuerte esa noche, y aunque todavìa le tenia miedo a la oscuridad y a los ruidos de afuera que azotaban la puerta más fuerte y terrible que coordinador a las ocho de la mañana tratando de despertarnos. Por alguna razòn, esa noche pude dormir. Tal vez porque comprendì las palabras, quizàs porque perdì el miedo o tal vez tenìa sueño.

Sea como fuere, un dìa tuvimos que volver, firmamos el libro de visitas con nuestros mejores saludos, y como siempre me suele ocurrir en los viajes una parte de mi se queda en aquel lugar, como regalo para la naturaleza. A cambio, yo me llevo recuerdos, sensaciones y sentimientos con los que sòlo podrìa haber soñado. Sè que una parte de mi esta ahì, recordando la oscuridad, el viento, los 80m, pero tambièn se pasea por las montañas, por la nieve, recuerda el paisaje majestuoso, la naturaleza que aprendì a comprender y respetar. Esa parte de mi, que aùn vive allì, que aùn recuerdo, que me saluda de tan lejos y a la que yo devuelvo el saludo todas las noches. Recuerdo las estrellas y la luna que apenas se pueden apreciar acà, pero que recuerdo brillaban fuerte en Vallecitos, Mendoza.

Recuerdo al dueño del lugar, que escribía, que era un soñador, con el que almorzamos en nuestro ùltimo dìa con su familia. Aprendì que la gente de la montaña... no... la gente que està cerca de la naturaleza, tiene una bondad natural con los demàs que aquel de la ciudad que nunca tocò y comprendiò la nieve, que nunca prendiò una chimenea en una cabaña alejada de lo que llamarìan civilizaciòn, que nunca tuvo un corte de luz en la noche mientras el viento azotaba la puerta, podrìa llegar a envidiar.


Espero haberme contagiado un poco de esa bondad, de esa pasiòn por la naturaleza. Espero algùn dia darme cuenta de ello y no està màs decir que me siento cada vez màs orgulloso de haber compartido esos tres dìas con esas tres maravillosas personas...

2 comments:

  1. Me gusto mucho el relato, me alegro que te haya gustado eso de andar por la montaña. Ojala podamos ir lo antes posible.

    abrazo!!

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  2. La naturaleza te brinda imágenes, sonidos y vivencias incaptables por ningun aparato electrónico, solo en tu recuerdo puede mantener la fidelidad qeu se merece.
    Me alegro mucho que lo hayas sentido y deseo profundamente que podamos compartir muchos viajes más...

    Un beso muy grande!!
    Sa

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