Monday, June 8, 2009

La aparición de la figura

Lentamente y con fuerza, abrí los párpados. Mi visión estaba borrosa. Era todo negro salvo una figura, iluminada por una luz de teatro. Ella me miraba y yo la veía. Mi cuerpo no se movía normalmente. Mi orden de avanzar no hacía efecto. Tras varios intentos, empezó a moverse hacia adelante, a caminar por su cuenta. Quería ver quién era, quién me miraba desde la luz, cuál era la razón de mi fascinación. Por cada paso que daba, el piso de madera crujía en aquel gigantesco piso blanco que hacía de escenario.

Cada vez costaba más tener los ojos abiertos, pero mi voluntad era de una fuerza tal que superaba todo en aquel momento. A medida que me acercaba, mi visión fue descendiendo gradualmente hasta el suelo debido a una fuerza desconocida. En el momento en que me sentí cerca de ella, tomé todas mis fuerzas para levantar la vista y observarla pero cuando logré posar mis ojos en la misteriosa figura, ésta seguía borrosa: estar ahí y a metros de distancia no hacía ninguna diferencia.

-¿Quien sos?

La luz se apagó. Todo quedó en tinieblas. Empecé a oír ruidos, huesos que crujían en una superficie de piedra. Quería ver que pasaba y me di cuenta que no necesitaba ninguna luz para ver en la oscuridad. En ese momento, mi espada elevó mi brazo hasta mi cabeza y cubrió un golpe descendente de un esqueleto, para luego hacer girar mi cuerpo y cortar en dos al agresor. Sin detener el movimiento, tras otro giro, bloqueé un segundo ataque de otro esqueleto y con la mano izquierda tomé su brazo para usarlo de escudo contra un tercer ataque. Dí otro giro y lancé al que había agarrado hacia un grupo de seis en forma de cuna, logrando un típico sonido de bowling al chocar y derribarlos a todos. Pero no servía de nada. Más y más de ellos se acercaban a mi. Demasiados para contenerlos.

Entonces vi la salida, una tenue línea blanca se dibujaba desde mi posición hasta un marco de puerta. Cuando lo atravesé, me acerqué corriendo hasta el final de la torre y salté. Mientras estaba cayendo, envainé mi espada, destructora de esqueletos. Extendí mis manos para volar, pero no parecía estar funcionando. Vi un resplandor de fuego en el horizonte del amanecer y un par de segundos más tarde, un ave vino a mi rescate. Pero no era cualquier ave: era un fénix. Mientras me llevaba hacia el otro horizonte, yo no podía hacer más que preguntarme quién era esa figura.

Sin tiempo que perder, le pedí que fuera más rápido. Tomé rienda del Fénix y pronto nos reunimos con el resto en el campo de batalla. Los dragones no nos esperaron y ya estaban combatiendo contra el ejército azul de aviones. Aceleré para tratar de alcanzar el centro de la batalla. Mis llamas se hicieron más rojas y se elevaron aún más. Cada llamarada que escapaba de mis alas formaba otra ave fénix, dispuesta a seguirme en el combate.

Embestimos a un grupo de aviones. Al igual que los dragones, escupimos fuego en nuestros enemigos, reduciéndolos a cenizas. Las alas se extendían lo máximo posible, dejando un rastro de fuego que superaba la longitud del cuerpo. Las llamas crepitaban. Un grupo de dragones se acercó a nosotros y nos entrelazamos para un ataque conjunto.

Cayó la noche y la batalla aún continuaba. Miré al cielo para ver las estrellas. No estaban como siempre: se agrupaban para cubrir el firmamento salvo una parte. Dejaban un espacio negro que me recordaba a una figura. La misma de antes. Me elevé, tratando de alcanzarla. Y las estrellas se apagaron. Cerré los ojos y recordé la misión.

Nos dirigimos en formación de flecha. Cada tanto los cruceros de atrás disparan sus lásers contra los enemigos. Ellos contraatacan de la misma forma. Un espectáculo de luces y el sonido de las explosiones, carga y disparo de armas ocurren por doquier. Miles de naves rojas acelerando para alcanzar el medio de la batalla, la tierra de nadie, el lugar de la acción. Miles de naves azules del otro lado haciendo lo mismo. Pero mi nave llegó antes que el resto. Estamos a la delantera.

De repente, se abren dos portales hiperespaciales a nuestros lados, con varios cruceros y cazas enemigos en el derecho y aliados en el izquierdo. Arriba de nosotros, la luna, cuyas defensas disparan sin piedad hacia abajo, donde un agujero negro se comenzó a formar como señal de la carga de un cañón de singularidad de la nave comandante enemiga.

Los cruceros recién llegados se entrelazan y atacan entre sí, dejando un hueco por donde la luna sigue atacando sin ceder. La formación se rompe. Cada una de las naves rojas, incluida la mía continúa su avance hacia el comandante azul. Los cazas enemigos aparecen y entablamos combate. Ráfagas rojas salen de mi nave hacia las amenazas. Un crucero estalla, luego otro, luego otro. Ambos bandos tienen sus pérdidas. Mi nave avanza, esquivando todo fuego amigo o enemigo, buscando la presa: la nave azul y su cañón de singularidad.

Puedo apreciar la inmensidad del objetivo. Mi nave esta lista para atacar. En ese momento, ocurre un destello y el agujero negro toma aceleración en dirección a la luna, dejando un rastro de luz plateada. Mi nave se ve atraída por el agujero. Veo un rastro manchado con una figura negra. Una figura conocida. Es ella.

-¿Quién sos?
-Ya no soy.

Pasó un momento y traspasé el horizonte de sucesos del agujero negro. Entonces, por una fracción de segundo, lo comprendí todo.


El sonido del despertador retumbó en mi mente. Una vez. Otra vez. Otra vez... Con un golpe apagué aquel patrón de sonidos que devuelven a uno al mundo real. Mi primera pregunta fue: ¿todo eso fue un sueño? Y la segunda, más importante todavía: ¿qué fue lo que entendí en ese último instante? Dragones, naves, esqueletos, ¿qué fue todo eso? La figura borrosa... ¿Qué significa?

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