Al igual que con el mago, se detuvo un momento, observándolo de lejos. Unos minutos más tarde, perdió todo el miedo que tenía y se le acercó. Era como si hubiese encontrado a su dueño. Anthony se volteó y el animalito retrocedió un poco. Seguía dormido. Se aproximó hasta estar prácticamente al lado, lo observó con curiosidad, lo olisqueó y se subió a él. Siguió explorándolo varios minutos más, hasta que saltó dos veces, la segunda más alto. Se bajó de él y empezó a correr a su alrededor, saltando varias veces su altura. Parecía estar muy contento. Cuando el mago se despertó, el animalito ya no estaba a la vista.
El sol ya había salido. Manrok se levantó y preparó las cosas para el viaje. Los caballos estaban atados a una estaca que él había encantado la noche anterior. Juntó la leña mágica y la guardó en la mochila que llevaba su corcel. Se volteó al este, a mirar al horizonte. Observó a Anthonyy sintió algo distinto en él. Era como si su espíritu hubiese aumentado su fuerza, su conexión con el resto de las cosas... Como si la magia naciera en él y se acumulara.
-¡Picto! ¡Despierto!
Tras pronunciar el nombre mágico del caballero y darle una orden, éste abrió los ojos.
-¿Es necesario que me llames así todas las mañanas?
-¿Qué otra forma me sugerirías?
-¿No podrías simplemente sacudirme y pedirme que me levante?
-Soy un mago, Anthony. Tenemos otras costumbres.
Anthony se levantó y se estiró mientras murmuraba para sí:
-Magos... Sienten todas las cosas pero carecen de tacto.
-¿Qué tal la noche?
-Bien, podría decirse. Pero, es extraño... Me siento increíble... Como nunca antes. Siento que si saltara podría llegar a tocar el cielo. Siento que el viento sigue mi mano y entiende mis gestos. Me siento...
-Distinto de ayer -terminó el mago-. Lamentablemente no tenemos mucho tiempo para hablar ahora. Hay que revisar la diligencia lo más rápido posible y partir para la capital.
Revisaron el lugar del accidente, buscando por todos lados alguna otra pista. No hablaron en todo el proceso sobre el nuevo Anthony, sino que se limitaron a discutir acerca del caso.
-Según el diario del encargado -empezó Manrok, revisando la parte delantera de la diligencia, mientras su compañero se encargaba de la trasera-, la persona que llevaban era el único sobreviviente de un incidente en una granja. Cosas raras estuvieron pasando en Trider: un jinete aparecía cada semana en un lugar nuevo y esparcía fuego y muerte por doquier. Siembra su ración de destrucción y no deja ninguna persona con vida.
-Salvo nuestro prisionero -dijo Anthony, agachándose para observar el suelo de la jaula-.
-Exacto -dijo Manrok, golpeando la diligencia en busca de huecos-. Ahora bien, es normal que quieran interrogarlo para saber qué ocurrió; no lo es el hecho de que permitan que Dotdro se encargue del tema. Los magos de Trider bien podrían haber llevado a cabo el interrogatorio, y con mejores resultados. -baja de la diligencia- La pregunta que surge es...
-¿Por qué lo llevarían a otro país?
Y se quedaron ahí, como congelados en el tiempo, mirándose y esperando que el otro anuncie la respuesta. Anthony habló primero:
-¿El diario no dice por qué?
-Aún no terminé de leerlo. Empecé por el final y estoy retrocediendo.
-¿Leés al reves? ¿Otra costumbre de los magos?
-No, simplemente tenía curiosidad por saber lo último.
-¿Donde está esa sabiduría mítica de los hechiceros? Todo esto que decís me suena más bien a un juego ¡¿estás jugando conmigo?!. -exclamó el pelirrojo, mientras se empezaba a sentir una brisa fuerte-.
-Tranquilo, Anthony. Sé lo que hago, sólo hay que tener paciencia.
-¡Paciencia! -exclamó el caballero y el viento comenzó a soplar más fuerte -¡Tenemos una persona capturada por los Senfarii (que te recuerdo que no toman prisioneros), el único superviviente de una masacre! -Las nubes se empezaron a agrupar, tapando el sol de la mañana. Las gotas empezaron a caer del cielo y algunos truenos empezaron a resonar. -¡Alguien que fue capturado para ser interrogado en otro país por una razón que desconocemos! ¡Tenemos que llegar a Indara y conseguir ese pergamino, pero lo único que encontramos en el camino son más y más problemas!
-¡Picto! ¡Calmado! No se resolvió ningún misterio por gritar y desahogarse al mundo con palabras.
-¡Aldaris! ¡Callado! -exclamó el caballero, sin que surtieran efecto las palabras del mago, sino que al contrario, éste fue silenciado -No es agradable que alguien te ordene por tu nombre mágico, ¿verdad? -dijo lentamente mientras se largaba a llover con una fuerza fuera de lo común y los rayos surcaban el cielo- Tengo una sensación completamente nueva, como si la tierra y yo fuesemos uno, como si lo que sintiera, ella lo reflejara. -Alzó su mano al cielo mientras continuaba su discurso:- Siento como si la tormenta y yo fuésemos...
La escena se volvió blanca en un instante. Al desvanecerse el destello, el cuerpo del caballero estaba en el suelo, completamente inmóvil, rígido como una roca. Manrok se liberó del silencio y se tomó el lujo de asombrarse un momento por lo ocurrido. Mientras los rayos dejaban de dibujarse en el cielo, él levitó a Anthony usando la magia, juntó las cosas lo más rápido que pudo, ayudó al caballero a subirse al corcel y luego se subió él. Finalmente, ató los caballos entre sí para que no se separaran.
Así, cabalgaron lo más rápido que pudieron al norte, a la capital, mientras aún la imagen latía en su mente: el rayo que caía del cielo y tocaba la mano de su amigo, la electricidad que él parecía manipular a voluntad, el destello blanco y el cuerpo yaciendo en el suelo. Las dudas surcaban su mente: ¿cómo había adivinado su nombre mágico? ¿Por qué no se calmó cuando se lo ordenó? ¿Tenía Anthony una magia más poderosa que la de él y por eso logró silenciarlo?
Escuchando el ruido del galope del corcel, bajo un cielo nublado que no parecía mejorar, con las gotas de lluvia mojándole la cara, pensativo y mudo del asombro, murmuró para sí:-Distinto de ayer, Anthony. Distinto de ayer...
-¡Aldaris! ¡Callado! -exclamó el caballero, sin que surtieran efecto las palabras del mago, sino que al contrario, éste fue silenciado -No es agradable que alguien te ordene por tu nombre mágico, ¿verdad? -dijo lentamente mientras se largaba a llover con una fuerza fuera de lo común y los rayos surcaban el cielo- Tengo una sensación completamente nueva, como si la tierra y yo fuesemos uno, como si lo que sintiera, ella lo reflejara. -Alzó su mano al cielo mientras continuaba su discurso:- Siento como si la tormenta y yo fuésemos...
La escena se volvió blanca en un instante. Al desvanecerse el destello, el cuerpo del caballero estaba en el suelo, completamente inmóvil, rígido como una roca. Manrok se liberó del silencio y se tomó el lujo de asombrarse un momento por lo ocurrido. Mientras los rayos dejaban de dibujarse en el cielo, él levitó a Anthony usando la magia, juntó las cosas lo más rápido que pudo, ayudó al caballero a subirse al corcel y luego se subió él. Finalmente, ató los caballos entre sí para que no se separaran.
Así, cabalgaron lo más rápido que pudieron al norte, a la capital, mientras aún la imagen latía en su mente: el rayo que caía del cielo y tocaba la mano de su amigo, la electricidad que él parecía manipular a voluntad, el destello blanco y el cuerpo yaciendo en el suelo. Las dudas surcaban su mente: ¿cómo había adivinado su nombre mágico? ¿Por qué no se calmó cuando se lo ordenó? ¿Tenía Anthony una magia más poderosa que la de él y por eso logró silenciarlo?
Escuchando el ruido del galope del corcel, bajo un cielo nublado que no parecía mejorar, con las gotas de lluvia mojándole la cara, pensativo y mudo del asombro, murmuró para sí:-Distinto de ayer, Anthony. Distinto de ayer...
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