Esto es algo que escribi sin pausa, hace dos o tres años, uno de los jueves en que iba al taller, como un ejercicio del cual todavía guardo la pregunta, aún sin respuesta: ¿Cómo surgió esto?
Recuerdo aquel día, en que dos mas dos no daba cuatro, porque no sabía qué era un cuatro, un dos o un mas. Lo que tenía de ingenuidad, lo tenía de inocencia. Aquel día era nueva vida. ¿Cómo habré llegado hasta acá? ¿Fue mi auto el que me trajo, esa nube, ese sol, ese viento? ¿Qué será lo que acabe conmigo? ¿El cansancio? ¿La paciencia? ¿El deseo de volver a empezar? Si al cabo la rama que me sostiene no durará para siempre, ¿conviene tirarse o esperar que algo más tome la decisión y me tire?
Aún para el fin hay que prepararse, ignorar los ecos que piden que mi mano suelte ese pedazo de algún posible árbol. ¿Tengo que ignorar también los gritos que me alientan a seguir viviendo? Trato de soportar... Pienso en el pasado, en cómo la inocencia se fue perdiendo con el correr de los años, en cómo la realidad llenó ese espacio con un vacío oscuro y tenebroso. Para cuando la rama se rompió, estar wars o no ya había dejado de tener importancia.
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